Él me dijo que después de varios meses viajando de alguna manera pierde algo de dimensión de los lugares increíbles que visita. Como que lo sabe desde la teoría, pero ya no lo siente tanto. Por suerte, a mí no me pasa. Es como si no perdiera mi capacidad de asombro. Digo WOW y me sorprendo, disfruto y lo vivo como si durante el último día, semana, o mes no hubiera sido testigo de otro millón de lugares y experiencias increíbles. Incluso me pasa de volver a lugares que ya conozco y que me sigan maravillando. *se siente bendecida *
Pero desde que voy más lento y me quedo más tiempo en cada lugar también tengo momentos AHA que me gustan tanto como los WOW. Es en ese momento en que entiendo la geografía de los lugares, el transporte público, cómo moverme. Normalmente empiezo a encontrarme con los AHA después de una semana. Ahí mi mapa mental conecta los lugares por los que anduve y empieza a entender alguito de los códigos locales. Amo ese momento. ✨ Creo que es el instante en el que dejo de ser turista y paso a ser… bueno, no sé en qué me convierto. Eso de las etiquetas se ve que no se me da bien. Sigo mirando con ojos de forastera (?) *ah flashea Outlander, ya quisiera. Hola, Jammie, te amo*. *Jammie no va a leer esto. ¿A quién le hablás, Flor?*
Decía… ojos de forastera, pero con menos del estrés (del lindo) que genera el estar adaptándose a un nuevo destino.
Me pierdo por las calles, camino sin un destino y me voy desviando cuando veo, huelo o escucho algo que me llama la atención. Y me siento en algún parque, un cordón, un café y me quedo observando cómo se ve la vida de quienes viven ahí. Y vuelvo a caminar y de repente es un “Ahhhhh. Esta es la esquina en la que pasé el otro día volviendo de…” y a mi manera me voy apropiando del… ¿mundo? Al menos del pedacito que voy recorriendo. Entonces, algunas cosas se sienten familiares y eso no deja de ser un abracito calientito *si ,calientito* para compensar el estar lejos de casa. Aunque… aprendí que casa es cualquier lugar en que elijo estar presente. Ah, pero qué hippie. Igual sí.
¿La foto? Un momento remil WOW del primer día en Budapest. Qué locura de bella esa ciudad

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