Siempre pienso que mi acto de rebeldía más grande es hacer las cosas de acuerdo a lo que creo, siento y pienso, aunque me pueda equivocar, aunque a veces el costo sea alto. Así es que en los cumpleaños de chiquita llegaba a mi casa deshidratada. Pues en las fiestitas solía haber solo gaseosa y a mi no me gustaba. Con la misma lógica, no di mi primer beso hasta que no fue con alguien que realmente me gustaba, aunque sonara cursi, aunque diera razones para que me carguen. No me importaba.

Mi adolescencia y adultez la viví estando casi siempre de novia. Una relación de 4 años primero y después una de 8. Porque aunque pueda tener algo de imposición social y cultural, para mi estar en una relación (¡sana!) hace que todo sea mejor. Lo lindo, más lindo y lo feo, menos feo. Si hace 10 años, me preguntaban cómo me imaginaba a esta edad, sin dudas decía en pareja, posiblemente casada y con hijos (si, ¡en plural!), bien a lo Susanita. Ese era mi plan, mi elección. Pero cuando de relaciones se trata hay una variable que está afuera de nuestro alcance: el otro.

Nunca tuve planes o intención de vivir sola. Pero el día antes de firmar mi casa, me separé y tuve que improvisar. Un plan que de alguna manera era de a dos, pasó a ser solo mío. Aprendí a disfrutarlo sola, con la compañía y el amor de un montón de personas que me quieren. 💛

Hoy arranco un nuevo viaje y muchos me dicen «¡qué envidia!» o «quiero ser vos». ¡Estoy improvisando! Este no era mi plan, pero ser consecuente con lo que uno piensa y siente, no creer en lo efímero y superficial de mucho de lo que nos rodea, querer vivir algunas cosas de la manera lo más reales posibles y elegir no vivirlas a medias, tienen un precio. Hace unos pocos años no me imaginaba viajando durante meses con una compu en la espalda. ¿Es una elección? Claro porque viajar me conecta con lo lindo y me hace feliz. No me quejo en lo más mínimo de hecho sé que soy una afortunada por poder crear las condiciones que me permiten hacerlo, así que hoy arranca este nuevo viaje que como plan B no está nada mal, ¿no?