Necesitaba hacerme una foto carnet para el pase de transporte en París. Mi primera reacción fue “¿dónde miércoles voy a conseguir para sacarme una foto carnet acá?“ Resultó que en prácticamente todas las estaciones de metro había photoboots para sacarte fotos y digo en plural porque había varios por estación. Llevaba algunos días en la ciudad y me las había cruzado, pero no había prestado atención. Ahí es cuando ver y mirar no son lo mismo. Resuelto el tema del pase de transporte, igual me quedó el chip de registrar cómo era verdad que estaban en todos lados. ¿Por qué antes no los había visto? Sé que esto tiene un nombre teórico que tiene que ver con ser selectivos. Si te digo, buscá autos rojos probablemente empieces a ver que hay un montón de autos rojos que quizás sin la ‘consigna‘ no les hubieras prestado atención.
¿Cuántas cosas se nos pasarán por no prestar atención? Por supuesto que suena agotador creer que tenemos que registrar absolutamente todo lo que nos rodea las 24 horas del día. Suficientes estímulos tenemos. Sabemos cuánto están luchando por nuestra atención en el mundo que vivimos. Pero no hablo de eso. Hablo de alguna manera de ser conscientes, de estar conectados. De caminar mirando por dónde vamos, de no vivir en piloto automático. Creo que eso es lo que me gusta de viajar largo y tendido… el registro, la mirada sobre las sutilezas que cuando somos locales damos por sentadas.
¿Vemos lo que queremos?¿Vemos lo que necesitamos? ¿Vemos lo que conocemos? Y si no lo vemos… ¿no existe? “Ojos que no ven, corazón que no siente“, dicen. ¿Será que vemos solo lo que podemos ver… Y hablo de lo físico y de lo que no lo es. A veces nos lleva años ver algo que tuvimos delante de nuestros ojos. Vengo de algunas semanas muy reveladoras en donde descubrí cosas que WTF . ¿Por qué no lo vi? ¿Por qué no lo pude ver? Primero te sentís medio gil, pero qué liberador poder mirar las cosas como son. Entender sana. Mirar la torre Eiffel, desde cualquier punto de París también.

0 comentarios