Bien sabemos que ese sentir no es permanente. ¿Qué significa? Que la felicidad es un ratito. O bueno, muchos ratitos perdidos ahí a lo largo del tiempo. Esto significa que cuando estamos felices vamos a dejar de estarlo eventualmente. Todo lo que sube, baja. De esto habla Brené Brown. Del miedo que aparece cuando estamos felices, que paradójicamente podría nublar esa felicidad. ¿Cuál es el antídoto? La gratitud. Y re si. Estar agradecidos nos saca el foco de ese miedo por la finitud de esa sensación. ¿Tiene sentido?
Bueno, yo llevo como un año y medio en el que primó la felicidad. No es que todo sea color de rosas, pero el balance da positivo por afano. Hace un tiempito se me encendió la alarma. ¿Cuánto tiempo más voy a estar de buenas? ¿En qué momento se corta? Y la gratitud ya la tenía encendida porque sé que soy re mil afortunada… El fantasma está ahí.
Ahora bien, esta última semana fue horrible. Pavadas (varias) pero fulera. Un mal humor…. capaz estas semanas no tan buenas son el crédito para extender la felicidad un poco más. Messi. Si es así, compro porque al final pareciera haber cierto equilibrio. Capítulo aparte estar sola, lejos fastidiada por mil sin tener a quien manguearle un abrazo porque si.
¿Será que la posta es el equilibrio subiéndole el volumen a los detalles chiquititos que construyen esos momentos de felicidad y no tomarnos tan en serio esas cosas que nos ponen de mal humor? En cualquier caso, hagamos lo que hagamos, esos dos estados van a pasar.
¿Y las fotos? De agosto, el día que fui a ver el atardecer a los jardines de Versalles. El delirio de ese lugar es total. Y yo estaba felicísima post Juegos Olímpicos, a días de ir de sorpresa a Argentina.

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