“La empatía sin límites es autodestructiva”. Lo es. Te perdés, desaparecés, te hacés invisible. Mi súper poder.
¿A quién voy a rescatar? ¿A quién voy a rescatar si solo sé que voy a perderme? ¿Qué precio pago?
Sé llorar en silencio. Sé respirar las lágrimas. Sé que se nota. Sé que pocos preguntan. Sé que sé seguir así. Sé que sana… eventualmente.
Entonces, a veces un desconocido me saluda y lo sabe. No me conoce, pero lo sabe. “¿Estás bien?” Sonrío aunque solo intento esconder mis lágrimas. Con esa sonrisa solo valido que los dos sabemos la respuesta. Me sonríe de vuelta. Es casi como un abrazo que no sucede ni va a suceder. Por un segundo dejé de ser invisible, por un segundo.

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