A veces me doy ternura. Me encuentro fantaseando con que conozco a alguien en tal o cual plan o lugar al que voy a ir. Me da ternura porque no pierdo las esperanzas.
Una gran parte de mi vida estuve de novia. Tuve dos relaciones largas que con el diario del lunes (?) poco de sano tenían. Dejaron cicatrices de esas que medio que quedan para siempre. “A mi no me gustan las chicas lindas”, me dijo el primero. “Sos una mochila de piedras, nunca conocí a alguien tan oscuro”, me dijo el segundo. “Y sin embargo, me quedé”, dice el trend. Bien podría haberme subido a esa tendencia.
Creo que no conocí el amor del lindo, del que te cuidan y te valoran. Me perdí en esas relaciones, me desdibujé. Mi responsabilidad, por supuesto. Lección aprendida.
Me da ternura que busque algo que no conozco. Bueno, no lo conozco como protagonista. Me sobran los ejemplos para saber que existen amores reales, complejos, imperfectos, pero compañeros. Y ya ni hablo de amores románticos. Eso queda en las pelis. Hablo de respeto, de admiración, de amorosidad y compañerismo.
Me da ternura que sin ser una obsesión o un movil, sutil se cuela el deseo y las ganas de que pase. Me descubro pensando “y si conozco a alguien…”. Después vuelvo a la realidad en donde lo efímero , lo superficial, la especulación es la norma. Ahí me aburro.
A veces me doy ternura…

0 comentarios