VIAJAR SOLA para mí le sube el volumen a las sensaciones, a la percepción, a la intensidad de todo. A la relación conmigo misma, con las personas que me cruzo, con los lugares que conozco. Estoy más vulnerable, tal vez… más expuesta.
Nico estaba sorprendido porque en poco tiempo se había hecho amigos que sentía muy cercanos. Sí, así funciona. Podés compartir 48 horas con personas con las que sostenés charlas a lo largo de los años. Es algo así como cuando te vas de viaje de egresados y te hacés re amiguis de otra escuela y jurás que serán amigos por siempre. Es esa sensación real e intensa… Solo que si querés, realmente lo sostenés.
Hace unas semanas hablé con el chileno que conocí en 2017 en Jasper, en Canadá. Capaz nos crucemos en estos meses en Europa.
Hace unas semanas pasé a visitar a Eli en Munich. Con ella me había cruzado en Viena el año pasado. Y sin querer terminé también por encontrarme con Luisa. Ella es alemana. Nos conocimos el año pasado en Zurich y viajamos un ratito juntas. Vio que subí una historia y enseguida me dijo “¿esto es real time?” A la mañana siguiente estábamos caminando por el Englische Garten.
Los viajes también los hacen las personas que nos cruzamos. Cualquier gesto que un desconocido hace por vos vale por mil. Decía que le sube el volumen a todo. Y ojo… a veces no son detalles. A veces hacen un montón por vos apenas conociéndote. Te abren las puertas de su casa, sus grupos de amigos desinteresadamente y en seguida sentís ese calorcito de lo familiar. Si lo sobreanalizás, sabés que apenas los conocés. Pero, pa’ qué sobreanalizar, ¿no? Más vale recibir y disfrutar de que el mundo a veces es un lugar amable.
Es lindo saber que un poco todos necesitamos lo mismo y que las fronteras en ese punto no existen. Hay personas lindas en todos lados. ¿Muy hippie? Tal vez, pero posta que más viajo y más creo esto.
¿Y las fotos? Entré al ayuntamiento de Munich mientras hacía tiempo para encontrarme con Luisa, no había gente y bueno… Así hago tiempo yo.

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