Sería una falacia decir que viajo sola

por | Jul 8, 2023 | Austria, Flor de Viaje, Reflexiones | 0 Comentarios

Bah, al menos en parte. Mi vieja viaja conmigo desde el mismísimo momento en que saco el pasaje. Después de todo fueron ellos los que nos enseñaron que había un mundo más allá. ¿Sabrían cómo eso impactaría en nuestra vida? Me fui de tema je

La cosa es que este viaje empezó sentadas en el sillón en Pina. Vimos La Novicia Rebelde juntas. Si iba a estar un mes en Viena, no era una opción no pasar por Salzburgo. Aproveché un fin de semana para ir a visitar a los Trapp (?) Visité museos, las casas de Mozart, un fuerte, iglesias. ¿Cuántas iglesias puede haber en una ciudad? Es la segunda después del Vaticano. Me colé en un hotel para ver el fondo de la casa de la peli. Para eso me autorizo Javi, que también fue asesor experto del destino❤️ Siempre se puede salir con un “Ah, ¿no se podía entrar? No hablo alemán.”

Llovió. Llovió en serio. Salió el sol y volvió a llover. Me empapé y me fastidié. También me fastidió que en los museos tuvieran como último horario las 16.30. ¿Estamos todos lakas? Entonces, ¿qué hice? Caminé, caminé y caminé. Eso no tiene horarios. Más de 30 km en poco más de 24 h y, por supuesto, no fue suficiente. ¿Cuándo es suficiente? Me quedaron pendientes. Capaz algún día vuelva con Mirtu.

Y como ella estuvo conmigo todo el finde me pintó una nueva: mandarle una postal. En el mundo de lo inmediato, elegir una postal con una linda foto de la ciudad para otro día sentarme a escribirle contándole que la tuve ahí conmigo y mandarla y que llegue vaya uno a saber cuándo, me pareció una ideaza. Casi como una aventura. Nunca antes lo había hecho. La postal la compré en Salzburg, la escribí en Viena y la mandé mi último día en Austria desde Innsbruck. Tuve que googlear cómo se ponía la info del destinatario y, por las dudas, le saqué una foto. Si no llegaba, tenía pruebas de mi intención.

Debo decir que más me gustó la combinación de lo inmediato y lo “lento”. Mientras seguí hablando con ella todos los días sin decir ni mu, esperaba algún día sorprenderla. Pasaron más de 20 días y finalmente fue ella la que me sorprendió con la inmediatez. “Me hiciste llorar con la postal de Salzburg”, decía su mensaje.

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