Vancouver es una mega ciudad pero con una dosis de naturaleza casi inexplicable. Siempre estás a cinco minutos de perderte en un bosque infinito. Y cuando digo perderte es literal.

Ese sábado el plan fue ser 100% turista. Con la cámara colgando en el cuello, a la mañana hice un free walking tour por el centro. De ahí, en un bondi, en 20 minutos estaba en el Capilano Suspension Bridge Park. Tiene un puente de 140 metros de largo a 70 metros de altura sobre un río, no apto para quienes sufran vértigo. Dicen que banca hasta 96 elefantes (lo dice en serio), aunque habría que chequearlo. 

En pleno bosque, respiré profundo una y mil veces. Me llené de aire puro. Me acosté en algún banco y miré al cielo entre árboles que casi llegaban a las nubes. Volví a respirar. Y agradecí una vez más poder estar haciendo ese viaje, que obvio, quería que dure para siempre.