Cuando terminé de trabajar fui directo a alquilar una bici. El pueblo era chico y para moverse hasta lagos y montañas, tener algún transporte a disposición era clave. Me calcé el casco (que me quedaba divino) y arranqué. El objetivo era Edith Lake, pasando en el medio por otros dos lagos.

Pedalear en esas rutas me parecía un sueño. Bordeé cada uno de los largos por caminos exclusivos para bicis y pedestrians (?) Los muy genios ponen bancos para que simplemente te sientes y contemples. El verbo contemplar se debe haber inventado para usarse en esos escenarios. 🤔

La cuestión es que donde veía un banco, me sentaba y hacía caso. Me quedaba ahí, respirando, queriendo hacer eterno cada instante. A cada paso, para donde miraras, la vista era distinta. Es una obviedad, lo sé pero saqué un millón de fotos mentales. Cada rincón escondía una belleza inconmensurable. De esa que te hace creer que debe existir algo más grande que nosotros. Hoy miro estas fotos y no logran reflejar ni una pizca de lo que vieron mis ojos.

Sin prisa y con muchas pausas, hice uno a uno los lagos. Antes de volver a la ruta, después de Annette Lake tuve la suerte de cruzarme a un elk (creo que la traducción es alce). Y digo tuve suerte no sólo porque la vi sino también porque me podría haber atacado. Estuve a menos de 2mts y como me di cuenta que no le simpatizo mi presencia hice marcha atrás y me fui silbando bajito. Muy bajito.

Me puse los auriculares y volví a la ruta. Cada vez que escucho un tema de los que escuché ese día, mi alma se va de viaje por un rato. Vuelvo a sentirme ahí.

En Edith Lake me volví a sentar. Un grupo de amigos que estaba acampando me dio charla. La pregunta se repetía: ¿Qué hacía una argentina ahí? 🤷‍♀️ Me invitaron a cenar pero no quería que se hiciera de noche. En ese momento no era muy consciente del peligro de los animales, pero sí sabía que no quería ir por la ruta en la oscuridad. Pasadas las 9pm me vi pedaleando en esa inmensidad y vacío que generan las montañas. Me sentí ínfima en un universo infinito. Me sentí gigante por estar ahí, dándome un gusto más en ese viaje que fue un sueño.

Desde Edith Lake a Jasper me separaban algunos kilómetros de ruta. Qué difícil pedalear entre montañas. Incluso cuando no ves la inclinación, por más chica que sea, la cuesta arriba se siente. A medida que pasa el tiempo el cansancio se hace notar en las piernas, en el aire. La parte buena es que todo lo que sube, baja, ya lo decían los Caligaris (?). Cuando no podía más, ahí venía la bajada y avanzaba incluso sin pedalear. Es casi casi como una metáfora de la vida. Todo pasa, lo malo en algún momento termina… y cuando pasa es tiempo de estar bien, de que la vida fluya un rato. Pero obvio que eso tampoco dura para siempre.

Ya de noche llegué al pueblo, que como pasa en casi todas partes del mundo a las 10PM ya no hay movimiento. Dejé la bici, me duché y me puse a trabajar. Tenía que entregar reportes antes que arrancara el día laboral en Argentina, que con 3 horas de diferencia siempre me ganaba de mano. .
Parecía que era la única despierta en el hostel. Me quedé en la recepción con la compu mientras alguna fruta auspiciaba de cena. Entonces apareció un chico y sin preámbulo me dijo en español. “¿Vos sos la argentina?” ¿Por qué alguien en el medio de ese pueblito sabría de dónde era yo? ¡Era el chileno! El dueño del hostel le había dicho que había otra latina y como no somos tan comunes por esas latitudes, nuestra presencia llama un poco la atención. Charlamos un rato largo… desde cuándo estaba viajando, con quiénes, cuáles eran nuestros planes. Le mostré la foto del animal que había visto hacía unas horas y él, que me sacaba varios kilómetros de aventurero, me dijo que era una elk hembra y que había sido peligroso que me acercara. 🤦‍♀️ Él hasta tenía gas para osos. Estaba más que listo, tipo boy scout.

Era tarde así que nos despedimos, yo tenía que terminar de trabajar. Así, espontáneo como es él, me preguntó si me podía saludar con un beso, que hacía mucho no se cruzaba con alguna latina y que extrañaba un poco eso que tenemos nosotros. A decir verdad yo también. Con lo lindo que es abrazar y dar besos…