Luego de un mes en US me subí a un tren rumbo a Canadá, la verdadera razón de mi viaje.

Desde chica tenía una conexión, por no decir obsesión, con este país. A los 9 años les dije a mis papás que no quería fiesta de 15 sino que quería conocer Canadá. ¿Quién me había dicho a mí que iba a poder tener una fiesta de 15? Ni idea, no lo sabemos, pero entonces me pareció importante aclarar los tantos. (?)
Con el esfuerzo de mis viejos el sueño iba a suceder. Pero no siempre las cosas son cómo y cuándo queremos. A un mes de viajar por algunas cuestiones el viaje se suspendió. Lloré mares. No recuerdo haber llorado tanto por algo en mi adolescencia como lo que lloré por esto. Por suerte, el viaje se hizo un año después. Recorrimos Montreal, Quebec, Ottawa y Toronto con algunas paradas más en el medio. Fue todo increíble.

Con mis ingenuos 16 años, me prometí volver. Aún había mucho Canadá por conocer. Entonces, soñaba con recorrerlo en tren. Hay un “transcanada” que va casi de una punta a la otra. Averigüé precios aún cuando todavía no trabajaba, ergo no tenía plata, ergo no me podía ir a ningún lado. Igual yo soñaba con volver, porque soñar no cuesta nada, ya lo dice Drexler. 😝

Crecí, tuve plata y viajé pero los destinos fueron otros. Mis compañeros de viaje no compartían mi locura por Canadá por lo que siempre quedaba para “un próximo viaje”. Cuando volví de Costa Rica en 2016, me prometí que el próximo viaje sí sería a Canadá, así tuviera que irme sola. Dicho y hecho.

Esta vez iría a conocer el oeste de Canadá. Aunque lo del Transcanada no sería viable por cuestiones logísticas (era caro, no tenía wifi y no podía parar en los lugares que yo quería), me pareció que cruzar la frontera en tren era una excelente idea.
De Seattle a Vancouver había 4 horas de viaje. Nadie en ese tren podía imaginar lo feliz que estaba yo de estar ahí. A minutos de arrancar me fui al vagón comedor. Compré un té, abrí mi compu y me puse a trabajar. A los 16 sabía que lo quería, pero no sabía ni cómo ni cuándo iba a pasar.

Le mando un beso a la Flor del pasado y le digo que todo fue mucho más perfecto de lo que imaginaba.