El verde del Parc de la Tête d’Or te hace olvidar que estás en una ciudad, en Lyon. De hecho, la tercera ciudad más importante de Francia.

Esas mañanas tuvieron mate con yerba uruguaya, algún pan copado o pain au chocolat y charlas de esas que te hacen perder la noción del tiempo. También “anduve” (muchas comillas) en patineta(?) y escuchamos tocar el piano. Estos franceses te meten un piano en cualquier lado. Y lo bien que hacen porque siempre algún habilidoso se sienta y le mete magia al momento. Imagínense, en medio de un parque infinito… la melodía de un piano. Es como estar en una película, con el soundtrack incluido.

Parc de la Tête d'or

Ese día tenía un lanzamiento de trabajo groso así que mi tiempo de paseo era muy acotado. Cuando sonaran los despertadores en Argentina, en este continente se acababa la joda y así fue. Pero qué linda mañana compartí con ellos.