Un lunes muy lunes. El dólar se disparó: llegó a 60 (¡qué épocas aquellas!). Mi celular explotaba preguntándome cómo iba a seguir viajando. Siempre me da intriga qué esperan que responda. Yo les paso mi CBU por si quieren aportar con la causa. Nunca lo hacen. Básicamente en el momento en que estás viajando y se dispara el dólar, lo que sucede de manera automática es que se encarece el viaje. Así de simple… o complejo. Incluso lo que consumiste hasta días anteriores, si el pago lo hiciste con tarjeta de crédito te va a costar más. Y al menos en mi caso en donde no hay lujos, comer tengo que comer, conseguir lugar para dormir tengo que conseguir. Además, viajo con pasaje de regreso, por lo que la única opción viable sería cambiar ese pasaje, si es que fuera posible, pagando una multa o directamente sacar un pasaje nuevo. Difícilmente sea negocio. “Agua y ajo“, suele ser mi respuesta después del chiste del CBU. . .
Ese día celebré mi decisión de dormir en el auto el sábado anterior. Hubiera pagado 200 dólares por estar en una habitación 5 horas. Hice la cuenta y auch. Pero el viaje seguía. Faltaba casi un mes para mi regreso y, de hecho, faltaba la mejor parte: el reencuentro con mi hermana. . .
Esa mañana devolví el auto que me paseó por Yosemite y desde ahí me tomé el tren que me sacaría de San Francisco, u Oakland para ser más precisos. El punto más al sur al que podía llegar en tren era #Beakerfield. Ni idea. Eso fue lo que encontré en mi búsqueda para acercarme a mi plan para el próximo finde. En la semana, como en las anteriores, pretendía hacer la plancha, trabajando, en lugares que no fueran tan caros (más allá del dólar). Un poco que pasear había dejado de ser el foco del viaje. Empezaba a pesar la soledad. Hacía una semana que me había separado de Nolan, el finde creo que no crucé palabra con seres humanos y un poco que la tristeza me invadía. ¿Era cierto que mi abuela se había muerto hacía algunas semanas? No había nadie que respondiera. . .
Trabajé las más de 4 horas de tren. Vi viñedos infinitos por la ventana. Vi el atardecer en una llanura que no veía desde que arranqué el viaje. Otro día terminaba. El atardecer, paradójicamente, me iluminaba. ☺
¿Otra despedida? No lo creo.
¿Otra despedida? No lo creo. Siempre me voy y siempre vuelvo. Prefiero pensar “última juntadita…...

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