¿Escucharon hablar del Stanley Park? Con 405 hectáreas es el parque más grande de Canadá y está ahí nomás del centro. Llegás literalmente caminando.

Ese lunes fui a trabajar cerca para poder escaparme lo más temprano posible. Quería perderme ahí. Su inmensidad es una locura. En minutos te olvidás que estás en la tercera ciudad más grande del país. Hay miles de árboles altísimos y solo escuchás animales y pájaros. Casi casi que tanta quietud da a película de terror.

Después de un rato salí a la costa. Obvio que debía ver el atardecer. Además, como hacía mil que estaba caminando en la misma dirección, tenía que volver si no quería que me agarrara la noche. Para mí alegría había un camino, entre los 200km de senderos del parque, que de un lado tenía el bosque y del otro la costa.

Un chino, que venía andando en bici, me empezó a hablar. Ya lo había visto el día anterior en la English Bay. Me preguntó si podía caminar conmigo. Algo incómoda le dije que sí. No fue la primera vez en el viaje que me pedían por la calle de caminar y charlar conmigo porque sí. En Estados Unidos, creo que en Seattle, en unas pocas cuadras hasta me pidieron matrimonio para que pudiera quedarme a vivir con él. 🤷‍♀️

En este caso, a Don (así se llamaba él) no tenía mucha chance de decirle que no. Pues para llegar a la parada de bondi solo podía caminar en una dirección. Me preguntó que hacía, de dónde era, por qué estaba sola, si tenía novio y cómo hacía para viajar y trabajar. Las respuestas le llamaban la atención. Aunque vivía en Canadá desde chico, para su familia, originaria de China, era inadmisible tanta libertad. Me contó de sus tradiciones y como él mismo no las entendía. Habló del casamiento como una obligación, los mandatos y el consevadurismo. Me invitó a tomar algo pero yo solo quería llegar al hostel. Me acompañó a la parada para seguir charlando. Me preguntó si era cierto que en Latinoamérica saludamos con beso aunque no sea nuestra pareja o familia. Cuando llegó el bondi me dijo si podía darme un beso, en el cachete, como hacíamos nosotros. Lo saludé y di por terminado mi día. Mentira, llegué y me puse a trabajar.