Mientras viajo la escala de la felicidad se redimensiona, aumenta, incluso más que el dólar. 😒 Y aunque suene ilógico los picos de felicidad se dan cuando logro sentarme a trabajar en lugares impensados, como pasó ese día en Carcassonne. En esa ciudad amurallada, de cuentos, conseguí un café para sentarme a trabajar con wifi y enchufe. Créanme que en Francia eso es un montonazo. Me pedí un té y una mousse de chocolate porque… bueno no se por qué… una mousse de chocolate está siempre bien. Trabajé hasta que las velas ardieron, o mejor dicho hasta las 5pm que era el horario en donde todo cerraba allá. Tengamos en cuenta que en mi mundo laboral eran las 12pm. 🤓

Agarré mis cosas y me fui a dar vueltas para ver dónde seguir trabajando. Mientras caminaba surgió la necesidad de hacer una call medio urgente. Encontré un hotel, de cuentos, como todo en ese lugar y me enganché al wifi desde la calle. Sentada en los adoquines tuve mi call. Y como era un hotel bienudo (?) y yo sentada en la calle no pegaba con el escenario, en cuanto terminé seguí caminando. Debía haber algún otro lugar para sentarme con la compu. Y así fue.

Me senté en la gran muralla, me acomodé y me puse a trabajar. Tenía que escribir unos guiones y para eso no necesitaba Internet. Escribí con una sonrisa de oreja a oreja pues en esos instantes es donde más plena me siento. Trabajar de lo que yo quiero en donde yo quiero… es más de lo que podía imaginar siendo chica. Desde una ingenuidad inconmensurable en esos momentos creo haber vencido al sistema, a ese que me dijo que debía trabajar de 9 a 18 en una oficina porque eso es trabajar.

Vista desde la muralla de Carcassonne.
Una Flor nómade manija.

Terminado el guión debía enviarlo y para eso sí necesitaba wifi. Ahí es donde el ingenio y la falta de vergüenza deben aparecer, creo que por instinto de supervivencia de trabajador nómada. 😂 Busqué el café en el que había trabajado más temprano. Apostaba que en la puerta, desde afuera, todavía tendría chances de conectarme. Mandé todo lo que tenía que mandar y ahí si volví a mi hogar. Obvio que tenía que seguir trabajando pero el que quiere celeste, que le cueste (???). Qué feliz fui ese lunes.