Sacar el barco fue el

por | Ene 13, 2026 | Flor de Viaje | 0 Comentarios

Sacar el barco fue el primer gran desafío. El puertito era como un embotellamiento con botecitos con el movimiento errante natural que genera el agua. El nuestro era uno de esos barquitos con motor atrás con una especie de palanca con la que le das dirección. Sepan disculpar mi falta de tecnisismo.

Yo flashé videoclip reggetonero y me fui adelante. Preparé todo en la… ¿proa? para tomar sol, mientras él auspiciaba de capitán. ‍✈️ Suerte con eso. Teníamos un mapa con los puntos a los que podríamos llegar con la velocidad de nuestra humilde embarcación en las horas que la habíamos alquilado.

La primera parada fue en un espacio angosto entre unas islas frondosas. El color del Adriático es indescriptible. Ahí saltó él al agua por primera vez en el día. Estábamos en una peli. Enseguida le sacamos el glamour, pos claro. Volver a subir sin escalerita y sin hacer pie resultó no ser tan fácil. Sobre todo si te tentás por lo inesperado de esta dificultad. Obvio que haciendo algo de fuerza salimos andando.

Segunda parada: otra isla en donde, si lográbamos amarrar el barco, podíamos bajar. Después de ver cómo lo hacían otros buscamos un punto medio alejado de otros barquitos, tiramos el anclita y lo atamos a una piedra con la esperanza de estar haciéndolo bien. Mirá si se nos escapaba mientras no estábamos. ¿Y si no lo reconocíamos? Eran todos iguales. Las ganas de clavarnos una piña colada ganaron.

Tercera parada: sobre la costa en una isla ahí cerquita. Era importante que no fuera profundo para que el ancla enganchara y realmente frenara el barco, por eso, las paradas siempre eran cerca de la “tierra”. But puede fallar. Como quien no quiere la cosa nos fuimos moviendo. El ancla estaba fallada o nosotros no entendíamos cómo tirarla. Resignados volvimos a arrancar el motor haciendo de cuenta que era una decisión y no una consecuencia de nuestra inexperiencia.

Cuarta y última parada en un lugar en donde casi no había barquitos. Ya ni nos preocupamos por tirar el ancla. Mientras no chocáramos a nadie, íbamos a estar bien. Ahí saltamos al agua los dos. Era el cierre de una jornada en la habíamos cumplido nuestro delirante misión de alquilar un barco en Croacia.

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