Hace poco me di cuenta de cuántas veces por día pido perdón por sentir que molesto. Por opinar, por hablar mucho (que a veces se traduce en muchos audios), por tardar en responder o colgarme, por pedir un favor o ayuda con algo. Bueno, de hecho no sé pedir ayuda…
Si lo pienso en dirección inversa, no tiene sentido porque yo soy muy feliz si puedo ayudar a alguien. Simón Sinek dice que cuando no pedimos ayuda le sacamos la posibilidad a los que nos quieren de tener esa “felicidad”, le sacás el “honor” de poder ayudarte. Sin embargo, elijo (¿elijo?) creer que molesto, que tengo que poder resolver sola. Y si no fuera el caso, tengo que pedir perdón.
“Perdón que te moleste… quería”, “Ay sorry te robé mil horas“ o “Si querés ni me escuches” después de mandar un audio larguero.
Este año me propuse dejar de pedir tanto perdón… Capaz molesto menos de lo que creo y si no… no sé, ¿me avisan?
Atte YO.
¿Y la foto? Capaz porque me prometo intentarlo mirándome a los ojos (?). O tal vez es solo que sueño con esa Flor que veía el sol a diario y disfrutaba de atardeceres bien tarde.

0 comentarios