Mi memoria a veces me asusta. Reconozco que en el trabajo o en la facu me rescató en varias oportunidades, pero en lo que a mi día a día respecta a veces me atormenta con recuerdos que quisiera no tener. Recuerdos que puedo describir con una precisión que casi casi me permiten volver a vivir momentos. A veces creo que por eso escribo. Para para dejarlos ir. ¿Y mi memoria para las fechas? Para rendir Historia General me sirvió … Pero, ¿que hay de recordar muertes o momentos feos? Quisiera exista un botón Delete (y ya que vamos a pedir Copy Paste y Ctl+Z ) .
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Hoy, hace 6 años, era martes y llovía. Y yo… era un quilombo. Hacía unas horas había terminado una relación de casi 8 años y estaba camino a firmar para irme a vivir sola, dejaba lo de mis viejos. Convivía la tristeza más grande de tener que dejar ir, de sentir el sabor al fracaso y una alegría y emoción inmensa de lo que estaba por empezar. Lloraba y, aunque alrededor creían que era de emoción, estaba rota en un millón de pedazos. Era como si una cosa tuviera que haber terminado para poder arrancar la siguiente. Aunque yo quería las dos cosas a la vez, no era posible. .
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Con el tiempo, y varios golpes más (peores y definitivos) entendí que todo pasa, que todo cambia. A veces para mal, a veces para bien. A veces con sorpresas, esas medio de película. En cualquier caso, nada permanece inmóvil. Aunque lo deseemos. Da lo mismo. No por eso duele menos, o nos es ajeno. Hay que ponerle el cuerpo “y aguantar el tirón”, como dice la canción de La Vela Puerca. Ser pacientes, saber vivir en la incertidumbre. Ser agradecidos por lo que tuvimos, por lo que tenemos y lo que vamos a tener. Cada vez que salgo de viaje por mucho tiempo, cuando abro la puerta siento olor a mi casa. Quizás no el que me hubiera imaginado hace… no sé… ¿diez años? Pero es lo que construí (con ayuda, pos claro) con mucho amor. Además no puede más de potra (sí, piropeo a mi casa ). .
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A veces cambia lo de afuera, a veces cambiamos nosotros. A veces cambia el mundo y te deja 20 días encerrado en ese espacio que tenés la suerte de tener, aunque estés lejos de todo, lejos de la caricia que puede curarte.
¿Otra despedida? No lo creo.
¿Otra despedida? No lo creo. Siempre me voy y siempre vuelvo. Prefiero pensar “última juntadita…...

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