Él evaluó alternativas. A dónde y cómo iríamos. Se sumó Beth, la inglesa. Los tres juntos éramos un quilombo hermoso. El camino por el bosque hacia Pyramid Island era áspero para ir en bici así que la devolví y cuando terminé de trabajar arrancamos. Me esperaron porque el tiempo del viajero no es el mismo que el del turista.

Teníamos 9 kilómetros por delante, pero gas pimienta para osos en mano, empezamos a caminar. Las horas pasaron pero el cansancio no se notaba. La charla en inglés con acento chileno y el british de ella era música para mis oídos (?)

Llegamos a esta isla pocket. En 5 minutos la recorrías de pe a pa. ¿Y a qué no saben qué pasó? Nos desencontramos. Fui a sacar unas fotos y cuando volví no estaban. Caminé en una dirección y en otra. Salí de la isla y nada. Volví. Me quedé un rato sentada ahí. Volví a salir. Me senté en una piedra desde un lugar en donde veía a los que entraban y salían de Pyramid Island. Saqué esta foto.

Intenté recordar que tenían puesto para preguntar por ellos pero era inútil. Después de una hora, como venía tormenta empecé a caminar para Jasper. El mapa lo tenía el chileno y, un poco más consciente de los peligros, me pareció que seguir la ruta de los autos era mejor idea que meterme en el bosque. No tardé en quedarme sin batería. Tampoco tardó en llegar la lluvia. ¡El frío que hacía! Sin el sol el agua que caía parecía de deshielo. Me puse el abrigo que tenía. Polar, campera, impermeable. No alcanzaba. Caminé rápido para entrar en calor. Iba cantando en voz alta. Beth había dicho que la voz de los humanos espantaba a los animales. Just in case le hice caso. Algunos autos me ofrecieron un aventón (?) pero tan perseguidos que somos con los peligros de que una mujer vaya con un desconocido (encima por iniciativa de éste) que prefería que me comiera un oso. Y si así hubiera sido, habría valido la pena. Estaba feliz y la anécdota hubiera sido simpática. “A Flor se la morfó un oso en Canadá”. Ampliamente superadora de la fractura en London.

Al rato paró de llover y salió el sol. Una nueva metáfora de la vida misma. Vi un arcoíris entre las montañas que tengo dibujado en mi mente. Pues ya no tenía batería para sacar fotos.