La no historia.

por | Oct 21, 2023 | Reflexiones | 0 Comentarios

Tenía 13 años, estaba en primer año del secundario. En esa época muchos festejos de cumpleaños eran bailes en la casa del homenajeado. Entonces, lo conocí a él. Era amigo de mis amigos nuevos.

Esperaba cada baile para verlo. Bailar lentos con él de manera torpe, sin cruzar palabra y a una distancia prudencial se había vuelto nuestro lugar de encuentro. No existían los celulares, las redes sociales, ni siquiera el MSN.

Pasaron los meses, llegó septiembre y mi mejor amiga llamó por teléfono a mi casa. “Tengo una carta para vos. Tengo una carta de él”. La ansiedad de esperar al día siguiente al colegio fue inmanejable. Abrió el sobre y me la mandó por fax. (OLD, PERO ASÍ DE OLD?). A los minutos estaba leyendo la carta. “No puedo parar de pensar en vos. Me despierto y es en lo primero que pienso, me cuesta estudiar historia”. ¿También le costaría estudiar lengua? La ortografía no era lo de él.

No podía creerlo. La sonrisa no me entraba en la cara. El chico que me gustaba, gustaba de mí. Para mí estadísticamente era poco probable esa coincidencia, pero estaba pasando.

Al día siguiente, en la escuela, ya con la carta original en la mano, le respondí. No hay registro de lo que le dije, mas le contaba que justo el viernes coincidiríamos en su escuela. Pero qué casualidad. Esa semana fue eterna, los segundos no pasaban. El jueves me fui a comprar un jean a Bachino. Salía 10 pesitos.

Llegó el viernes, volví del colegio, me saqué el uniforme y me puse el outfit planeado y fui a la salida de su colegio. Serían las 3 de la tarde. Lo saludé a él, a mis amigos y a los suyos. Estaban todos en la puerta de la escuela. Él y yo nos sentamos en la escalera, ahí nomás de todo el grupo. No sé si eran visibles los nervios que yo tenía. Después del intercambio de algunas palabras incómodas me dijo: “¿vamos ahí con el resto?“

Nunca más volvimos a hablar. Nunca supe qué pasó. Nos seguimos cruzando en cumples, pero los dos fingimos demencia, como si esa confesión no hubiera existido.

¿Se habrá dado cuenta de que era fea? ¿Los amigos le habrán dicho algo? ¿Lo pensó mejor y cambió de idea? No fue hasta hace unos años que alguien me dijo… “Ese pibe se asustó… Es demasiada presión hacerse cargo de los sentimientos, de las palabras, adelante de todos los amigos a esa edad“. .
.
De nuevo, nunca supe ni sabré qué habrá pasado. Sé que fue una herida que tardó en cicatrizar, que me conté cosas horribles sobre mí durante mucho tiempo. Miro a esa Flor de 13 años, la abrazo y le digo algo que todavía no puede entender: “todos hacemos lo mejor que podemos y a veces podemos poco, pero no creas que sos vos el problema“. También le diría que unos años después no le crea a su primer novio cuando le diga que a él no le gustan las chicas lindas, pero esa historia quedará para otro día. 🫣

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Seguí leyendo