La cosa es así: Carvalho Monteiro era un chabón que andaba holgado y compró un palacete para sobre lo ya existente construir esa locura hermosa. La puesta en escena era tan importante para él que le pintó contratar a Luigi Manini, el escenógrafo italiano que trabajó en la construcción del teatro de La Scala de Milán. Tranqui.
Entrás por la parte más alta y en serio al poner un pie adentro sentís que te metiste en un cuento… Los jardines bajando sobre la ladera de la sierra, verde… frondosa. Algunas cascadas, estanques, fuentes, las torres que te topás ahí medio random, las esculturas, las cuevas que devienen en laberintos oscuros. ¿Y el pozo iniciático? KEEEE. Ese se descubrió hace un par de décadas. Y si… era parte de algún rito iniciático de una orden secreta. A este muchacho se lo relaciona con los templarios y los masones. Este pozo en cuestión tiene varias referencias a La Divina Comida. La escalera tiene nueve tramos, como círculos del infierno o esferas del paraíso en la obra de Dante, de 15 escalones. Todo está lleno de simbología y algunas cosas aún hoy se desconoce el significado.
Si me decís que está todo montado para hacer una peli, te re creo. El delirio es que era la casa de un chabón con plata.
Después de que terminás de bajar todos los jardines, encontrás una capilla y también la casa que tiene un estilo neomanuelino que, por supuesto, no desentona con todo el resto.
Me hubiese quedado mil horas más, pero el deber llamó a mi puerta (?). Es que era día de semana y tenía que trabajar. Pero ya lo dijo Wos (?) después de un día en Sintra, “¿Cómo van a convencerme de que la magia no existe?”

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