Estoy cansada. Estoy cansada de ser adulta. Estoy cansada de tener que resolver un problema atrás de otro. ¿De eso se trata ser adulta? Es que parece un juego de aventura gráfica en el que resuelvo un problema y aparecen tres. ¿Cuándo paso de nivel? ¿Cuándo gano?
Estos últimos meses no están siendo amables. Que se rompió la persiana de mi habitación, que hay una gotera y llueve en el lavadero de mi casa, que estuve con una gripe horrible y de tanto toser me desgarré (micro) el intercostal, que mi vieja se cayó por la escalera, que trabajo muchas más horas de las que debería (pero muchas, eh), que el médico me clava mil horas de espera y no puedo quedarme. Supongo que son los males que le pasan a cualquier mortal, pero estoy cansada. A cada problema le sigue moverse, buscar soluciones, concretar. A-GO-TA-DA.
Me resulta irónico que de chica solo quería ser grande. Me gustaba parecer más grande, me tomaba las cosas muy en serio. “Flor, era una trampa. Disfrutá ser chiquita y que los grandes resuelvan los problemas por vos.” Igual por supuesto que lo hacían. Pero yo juraba adultez, seriedad y disciplina.
Ahora estoy más en plan “paren el mundo que me quiero bajar”. Lo más parecido que conseguí es cerrar la compu y venir de vacaciones por unas semanas, después de años (muchos más de los que deberían ser) sin desconectarme. ¿Será suficiente? Como si hubiera alternativas. Je.
“Soy frágil y pequeña: preciso de una mano que acaricie mis decisiones.”, dijo Elvira Sastre. Bueno, algo así.

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