Me lo pregunté cuando llevaba 4km caminados por la playa el día que me prometí quedarme en la reposera abajo de la sombrilla. Me lo prometí porque el día anterior terminé muerta de tanto andar en unas vacaciones que vine a descansar. ¿No sé descansar? Es que me engaño. Ese día dije: “a ver… ¿qué es eso que está allá?” Una cosa llevó a la otra e iba casi una hora caminando abajo del rayo del sol brazuca. Evidentemente tengo una obsesión por aprovechar el tiempo. El mismo que hace que ordene mi casa mientras me lavo los dientes. No saben lo productiva que soy mientras me lavo los dientes. Siento que le hago trampa a la vida cuando hago varias cosas a la vez. No tiene sentido, lo sé.
Justo hoy vi un video que decía que no es lo mismo vivir acelerado que vivir intenso. Creo que yo hago las dos. Entonces, ¿el desafío será aprender a hacerlo con calma?
¿Por qué no puedo quedarme quieta?
Justo el otro día le pregunté a mi vieja cómo era yo de chica. Y lo primero que me dijo fue inquieta. También curiosa. Casi como si por ser curiosa no pudiera quedarme quieta. Eso sí tiene sentido. Entonces, la obsesión por ganarle al tiempo es algo que adquirí en el mundo desquiciado en el que vivimos. Ya era inquieta antes de tener noción del tiempo. Paradójicamente, darme cuenta de que vine así de fábrica me dio cierta calma. Y hasta casi que hizo sentido que sin querer queriendo me haya convertido en una viajera que no sabe quedarse quieta. Igual estos días lo voy a seguir intentando.

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