Me lo pregunté varias veces este año. ¿Será porque soy un mar de contradicciones?
Amé estar sola, pero también amé estar con la gente que me ama. Viajé y estuve quieta, aunque eso último no tanto. Me quedé en mi casa en Buenos Aires en total menos de 3 meses. Dormí en 18 puntos distintos del mapa, aunque tampoco es que dormí tanto.
Nadé en 4 mares. Caminé cientos de kilómetros, sino miles. Literal.
Me robaron una vez, perdí las llaves de mi casa y perdí un bondi. Todo eso en menos de 48 horas.
Bailé sola, bailé con desconocidos. ¿Quién es esa Flor que bailó como si no tuviera vergüenza?
Escribí, mucho. Leí, no tanto. Lloré bastante, pero más me reí. Aprendí a reirme de lo que sale mal. Ya no me tomo las cosas tan en serio.
Debo haber batido record de tiempo de audios enviados por Whatsapp. Pero el mejor record es tener a mis amigos del otro lado que todavía me escuchan. Salí campeona de América un 14 de julio en París, aunque la mayoría de los partidos los vi en Budapest de madrugada en un bar que se sentía Argentina.
Estuve en los Juegos Olímpicos. Vi volley, hockey, beach volley, atletismo y, por supuesto, gimnasia rítmica. Lloré de felicidad.
Conocí a un montón de personas. Algunos ahora son amigos. Tuve citas épicas; otras, por lo menos, bizarras; y alguna para el olvido. Me besó el chico que da los besos más lindos del mundo. También me ilusioné (al pedo).
Me emborraché algunas veces, la novedad es que algunas de ellas fueron con vino. ¿Maduré? No creo. Tomé mate en calls. También con amigos. Ellos siempre los hacen más ricos que yo.
Aprendí a decir “buenos días“ en húngaro y el passé composé en francés.
Abracé, me abrazaron. Me dejé abrazar. Aprendí a que me mimen sin que me dé culpa. Entendí que recibir es tan lindo como dar. Empiezo a creer que sí me lo merezco.
Cumplí objetivos, otros siguen pendientes.
Chin chin por las contradicciones.
Chin chin por los sueños cumplidos, por los pendientes y por los que todavía no descubrimos.
Estoy lista. ❤️ ❤️✨

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