“Amo tu vida”, dijo.

por | Dic 15, 2024 | Flor de Viaje, Reflexiones | 0 Comentarios

“Yo también”, respondí. Se lo conté a una amiga y ella me dijo “todos amamos tu vida”.

Antes me ponía a explicar todos los esfuerzos que conlleva vivir así, me enojaba. Todos sabemos que quien se enoja tiene dos trabajos: enojarse y desenojarse. Era una pérdida de tiempo.

Nadie me regala nada, nadie me mantiene, aunque están quienes creen que sí. Yo sé cómo funciona, cómo llegué a esto y los esfuerzos y decisiones que hay detrás. Tampoco nada tan loco. Simplemente saberme capaz y hacer.

Casi casi sin darme cuenta generé las condiciones. Vino un pasito atrás de otro sin planearlo.

1️⃣ Dejé la relación de dependencia. Salté al freelancismo en 2013 cansada de los malos tratos de las agencias. Tuve que desarmar la idea de que trabajar era ir a un lugar con un horario.
2️⃣ Me di cuenta de que si podía trabajar desde mi casa, podía hacerlo desde cualquier lado. Primero hice viajes cortos para ver qué onda. Chile 2015, Río 2016 para los Juegos Olímpicos
3️⃣ Con ese check, en 2017 me mandé a un viaje un poco más largo. Tuve que convencer a mis clientes de que veían raro lo que proponía. Si cumplía desde Caballito, iba a poder hacerlo desde… no sé… Vancouver.
4️⃣ En 2019 la economía voló por los aires (como de costumbre) mientras estaba en Yosemite, California. Si quería seguir viajando, iba a tener que hacer algunos cambios. La pandemia me dio el tiempo necesario para encarar ese proceso porque mi objetivo estaba claro.

Le siguió aprender a viajar con más calma y más lento. Tuve que aprender a administrar mi energía. De los viajes de los primeros años volvía sin saber cómo me llamaba. Capaz en 80 días dormía en 40 camas distintas. No había cuerpo ni cabeza que resistiera… porque al paseo de todos los días se le suma el trabajar “normalmente”, mínimo 8 horas diarias.

Al final, terminé por cambiar el enojo por agradecimiento. A mí y a las decisiones. Busco deliberadamente meterle magia a mis días. Saberme afortunada, saber que cuando alguien, quien sea, me dice: “amo tu vida”, yo termino por responder: “ay! yo también”. Lo que si prefiero pensar que la envidia no entra en esa ecuación… porque después de todo yo sé que el que quiere hacerlo, puede.

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