“El mundo se achicó, las distancias se achicaron“, dijo mi amiga. Tiene un punto. Aunque me resulta contradictorio con esa sensación que suelo tener de la infinitud del mundo, entiendo a qué se refiere.
Es verdad, cuanto más viajo, más consciente soy de todo lo que me falta. Sócrates style: “solo sé que no sé nada“. Solo sé que cada vez que visito un lugar que ni sabía que existía, vislumbro cuánto más hay por conocer. Ahora bien… es verdad que hoy podés estar contactado con la otra punta del mundo prácticamente 24 7. Y que, con viento a favor, te podés subir a un avión y viajar a cualquier parte.
Digo… mis viejos cuando se despedían de sus amigos que emigraron en los 90, las despedidas se sentían mucho más definitivas. La comunicación era por carta, algún llamado telefónico medio excepcional tipo cumpleaños con el sonido que llegaba con delay y no se extendían demasiado porque se pagaba por minuto. Existía la posibilidad de visitas, pero de seguro faltarían años para que suceda. Por supuesto que una videollamada hoy no reemplaza un abrazo, ni una charla en vivo hasta cualquier hora, pero de alguna manera da cierta sensación de cotidianidad. Ni hablar que con cierta planificación y ahorro podés subirte a un avión (o varios) y en un rato cruzar océanos.
Siempre digo, conmigo tenés que tener cuidado porque un “venite a visitarme“ fácilmente se convierte en un pasaje y me tenés en la puerta de tu casa.
En estos últimos meses estuve en Málaga en la casa de mi hermano, en el medio me escapé a Valencia a tomar matecitos con Betzi y el finde pasado estuve jugando con Tobi, el hijo de Andy, mi amiga del colegio en Ibiza. Además de jugar con autitos y pintar con acuarelas, me hicieron comer deli deli. ¡Hasta comimos asadito! Es rara (y hermosa) esa sensación de hogar estando en un lugar que nunca antes estuve.
Sé que soy una privilegiada por tener la posibilidad de armar una mochila y subirme a un avión. Pero más privilegiada me siento por poder seguir encontrándome con personas que adoro por el mundo. En la posibilidad de esos encuentros es que las distancias desaparecen.
Las ganas siempre siempre encuentran la forma, escribí alguna vez en un cuaderno.

0 comentarios