Como que por mi cumpleaños por definición estoy ahí. En los últimos años, si estaba de buenas, buscaba alguna manera de pasear. Tigre, la costa en San Isidro, Pinamar… alguna vez me fui a pasar el día a Colonia o algún campo a una distancia razonable de CABA. El año pasado amasé pan en Cañuelas en un día espantosamente lluvioso (paradójicamente) con Sol y, bueno por supuesto, Lara, que apenas tenía un año.
Ella (Sol) siempre me hizo la segunda en mis delirios cumpleañisticos incluidas las veces que no tenía motivos para festejar. Sé que no tiene sentido, pero si me vas a decir “feliz cumple” y no estoy feliz… qué conflicto me genera. Sé que es un deseo, pero hubo años que lo sentí como una presión, o capaz como un recordatorio de que no estaba especialmente feliz. Prefería hacer de cuenta que era un día más, pasarlo silbando bajito. Me doy cuenta de que no tengo grises porque era eso o la fiesta del pijama. Qué fiestón ese… ya lo repetiré.
Este fue el primer año que decidí no estar en casa… porque a decir verdad, ¿dónde es casa en este punto? De hecho, estuve todo el mes con quienes de alguna manera fueron hogar, refugio y abrazo cuando yo apenas podía funcionar. Ellos fueron hogar entonces y ahora también. Además, si soy feliz viajando, ¿por qué no regalarme eso? Como si eso no fuera razón suficiente, septiembre empieza con el cumple de un ser humano que cambió mi existencia, que me dio ganas de vivir cuando yo no encontraba razones y resultó que este sería un cumple distinto para ella también y yo no me lo quería perder.
Septiembre fue un mes tranqui, distinto, lejos, pero en familia, descubriendo el sur de España, inventando infinitas historias de Simba y Nala, yendo a la playa, tomando matecitos, perdiéndome en pueblitos y el 26 hasta metí día de spa en Marbella porque reina se nace. Ah re que no. Pero fue el mejor regalo.. Además, el mes compartido lo coronamos con un finde a puro paseo con el cumple de Cami.
“¿Es egoísta hacer lo que uno quiere para ser feliz?”, me preguntó alguien. Tal vez lo sea, pero elijo creer que los que me quieren prefieren que esté feliz a tenerme cerca y no tan feliz. ¿No que si?

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