Yo sí. Sé que no es cool decirlo, que somos lo que somos por las cosas que vivimos, que “todo es perfecto”, y bla bla. Y hasta estoy de acuerdo. Pero si pudiera charlar un rato con la Flor del pasado le diría varias cosas esperando que pueda creerme y entender. Al menos intentaría evitar alguna de las cicatrices que dejaron marca de las que no se te van.
Le diría que está bien ser como es, que no permita que le digan lo contrario. “Es que sos muy oscura”, me decía. Sorprendida, intentaba entender esa acusación: “Pero solo vos me ves así”. La respuesta era que nadie me conocía como él. Ya para entonces llevábamos más de cuatro años juntos. Parecía ser una voz autorizada. Entonces, intentaba no molestarlo si me pasaba algo. Como si pretender que te abracen cuando se muere tu abuelo fuera de pesada y dramática. Aprendí a resolver sola y no solo eso, sino también a sostener las apariencias. No sea cosa que alguien supiera que mi libertad, en realidad, maquillaba la falta total de reciprocidad y una soledad infinita.
Le diría que no tiene que acostumbrarse a estar en una relación en la que la encienden y la apagan como si eso no tuviera consecuencias. “Es que nosotros trascendemos todo. Somos más que familia” era la carta macabra que usó por más de 15 años para aparecer y desaparecer a su antojo y que aun hoy a veces intenta volver a usar.
Si pudieras viajar al pasado, ¿cambiarías algo? Es un ejercicio absurdo, lo sé. Lo que somos y lo que hacemos deja huella en la vida de otros y en el mundo. Así lo hicieron por acá en Roma estos cebados hace un par de milenios. Ahre… te metía excusa para la foto. BTW este es mi spot favorito hasta el momento.
Por mi parte, desde la muerte de mis abuelos sé que la posta es dejar una huella en la que quien te piense, cuando sea, sonría. También elegimos qué hacemos con lo que nos pasó, ¿no? En esa estamos…
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