¿Qué tengo que hacer? ¿Qué tengo que decir? ¿Qué tengo que sentir? ¿Cómo estar cuando no estás? ¿Cómo achicás las distancias cuando todas las palabras suenan vacías? ¿Cómo te despedís de quien ya no está? Con egoísmo te preguntás por qué no te avisó que la última vez que la viste, sería la última vez. Fue en mi casa, pero yo apenas estuve. Estaba trabajando más de lo que debía. ¿Por qué no me avisó? La respuesta es obvia: no lo sabía. Ni siquiera es lo que ella quería. Nada más alejado.
¿Importa lo que queremos? ¿Importa que peleemos por lo que queremos? ¿Qué es lo que importa? ¿Qué es lo que queda? Más preguntas que respuestas.
Creo que queda la huella que dejamos en la vida de las personas. También queda la perpetuidad de saber que estás en la mirada de ellas. Estás en el orgullo que ellas sienten por haber sido testigo de tu camino. Todos lo fuimos. Yo lo fui desde el principio, aunque todo empezó cuando yo era chica. Pero si me acuerdo de bailar con vos en tu casamiento aun cuando tenía 4 años, me acuerdo de sus mudanzas y de tus embarazos, la emoción que sentíamos con Sol cuando nació Guadi. Bueno, no es que con Dani no haya existido, solo que éramos más chicas. Mirá si no me voy a acordar de cuando supe que tenías cáncer. Eras más chica de lo que soy yo ahora. ¿En qué mundo es eso posible? En este, evidentemente.
Recuerdo con claridad y nitidez la admiración que sentía por saberte fuerte, porque tenías la certeza de que entonces no era el momento. No lo era. Quedaban muchas batallas, pero mucho más quedaba por vivir, por sentir, por compartir.
Hoy para mí estás en ese último audio en el que me dijiste que no podías estar más orgullosa de las chicas, que estabas muy feliz. Y eso me resonó. Porque podemos estar felices y estar cansados. Porque en un mismo cuerpo pueden convivir sentimientos opuestos en el mismo instante. A veces la tristeza más profunda y la felicidad más sincera conviven y, supongo, que está bien. Bah, es lo que es. Como la vida y como la muerte. Es lo que es.
Paradójicamente cuando te fuiste yo estaba en el cielo, volando casi casi en el cielo de Galicia. Buen viaje, tiita. Si, con doble i.

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