Era el año 2009. Renuncié a mi trabajo como diseñadora web porque la verdad es que no me gustaba. ¿Para qué estaba estudiando comunicación? Renuncié para buscar trabajo de eso que creía que me gustaba. Quería trabajar en producción de tv o radio. A mí siempre se me dio bien eso de estar atrás de cámara.
Tenía algo de ahorros, pero lo que pensé que serían unos tres o cuatro meses se convirtieron en muchos más. No fue un año fácil. La frustración y angustia iban en aumento. “¿Para qué estudio tanto?“, pensaba. En mi fantasía tenía que poder conseguir trabajo de lo que quería. Mi ciela, pensaba que así funcionaba el mundo.
En el medio tuve algunos freelos aislados animando banners, fui niñera e hice encuestas en la calle. Me pagaban $10 por encuesta hecha. Una vez fueron para Activia. Tenía que frenar a mujeres y preguntarles si tenían tránsito lento para ver si podía hacerles el cuestionario completo 😅. La pregunta se repetía. No la de Activa 😂 sino la de para qué estudiaba. ¿Para qué hice dos carreras? En ese momento era bastante más dramática que ahora y esas bizarreadas me ayudaban a profundizar mis argumentos sobre lo injusta que era la vida. Partía del prejuicio de que si te esforzabas mucho, te lo merecías y punto.
Como prácticamente no había avisos, imprimí más de 50 cvs y armé un listado de productoras audiovisuales y radios. Las ordenaba por barrio y todas las semanas iba a repetirlos caminando. Me acuerdo de que la zona de Colegiales la recorrí en invierno abajo de la lluvia. Esos condimentos parecían que iban bien con el relato de “me estoy esforzando“. Tenía más excusas para ser dramática.
Me sobran los dedos de una mano para contar los procesos en los que estuve. En uno solo tuve varias entrevistas. De hecho, llegué hasta el piscotécnico. Estaban entre un pibe y yo. Me acuerdo de que me llamaron cuando estaba en kinesio pues si algo le faltaba a ese año era un pie mocho camino a una tercera operación. Pero volvamos… Atendí el teléfono y la chica que había seguido todo el proceso me avisó que no había quedado 😟. Quise llorar, pero no lo hice. Estaba en medio de un consultorio. Tuve días enteros para llorar después.
“¿Por qué todo me sale mal?” Qué manera de autoflagelarme, por favor. La pasé mal en serio. Estaba convencida de que había algo mal en mí.
Pasaron los meses, cambió de año y todo. Me operaron del pie y ya casi no tenía energías para seguir en ese camino que se había hecho mucho más cuesta arriba de lo deseado.
Mi hermano, racional y frío (justo y necesario para compensar mi dramatismo) me dijo: “¿Por qué no volvés al diseño web?“ De eso iba a conseguir rápido e iba a poder correr el foco de mi frustración, que para esa altura ya había escalado a niveles inimaginables. Literal, en menos de 24 horas conseguí trabajo. Qué bronca. Era como si ese año de sufrimiento hubiera sido en vano… Sí, al final terminé de nuevo trabajando de lo que no me gustaba. Resignada acepté las reglas del juego.
A las semanas me contactó la chica de la entrevista en la que no había quedado. Era por un sitio web freelance que necesitaba. Me junté con ella un día. Al pasar, como quien no quiere la cosa, me contó que medio año atrás no había quedado en el puesto porque estaba sobrecalificada. “Te hubieras aburrido y renunciado a la semana“, me dijo. Mientras simulaba seguir concentrada en la reunión, adentro mío tenía un millón de voces que me gritaban. Me sentí muy tonta y hasta casi avergonzada por haber maltratado tanto a esa Flor del pasado durante más de un año. ¿Cómo que sobrecalificada? Si para mí no era lo suficientemente buena. ¿Sí servía?
Fue ese día que entendí que es tan pero tan poco lo que sabemos, que pasarla mal muchas veces es casi una elección tomada desde nuestra mirada sesgada. Depende de qué parte de la historia estemos viendo, qué parte conozcamos. De haber sabido que por eso no me eligieron, hubiera llorado, es verdad, porque el trabajo lo quería, pero al menos no me hubiera castigado tanto. Tenía una mirada muy poco amable conmigo misma, como si no tuviera derecho a fallar. Además, después de todo, estaba haciendo lo mejor que podía.
Ahora si algo no sale como quiero, intento pensar que desde alguna mirada que no conozca las cosas se verían diferentes. Capaz incluso de algo positivo. En cualquier caso, eso (bueno o malo) también va a pasar.

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