La cuarentena, una astilla y la soledad.
Hace varias semanas, sin darme cuenta, me clavé una astilla. Desde el comienzo de la cuarentena estoy lijando y pintando las rejas del balcón. Venía sin prisa pero sin pausa. No sé bien cómo pero ese sábado me clavé una astilla abajo de la uña del dedo chiquita de la mano derecha. ¿Cómo lo supe? Cuando esa noche me pinchaba y dolía al tocarme el dedo. No veía nada, pero lo sentía. No le di mucha importancia.
Al día siguiente dolía más. Decidí frenar las tareas de mantenimiento del balcón(?). Como soy bastante katraska aprendí en qué momento tengo que dejar de exponerme a hacer cagada. Era un buen momento. No obstante, como se veía una puntita de la astilla abajito de la uña agarré una pincita de depilar y con mi mano izquierda intenté sacarla. Mala idea, obvio que la cagué. Bastaron unos minutos para hacerme un agujero y que me saliera sangre. Ese fue el momento de dejar de intentarlo. Nunca podría hacerlo sola, con mi mano izquierda.
Hice el mismo intento los siguientes días. A la mañana, deshinchado, sentía que tenía chance de lograrlo. El dedo se me infectó. Dos noches seguidas despertándome con cada roce del dedo contra las sábanas. Entonces, supe que el chiste de “es una falange del dedo chiquito, no sirve para tanto“ ya no era tan gracioso. Tengo un umbral de dolor bastante alto, suelo no darme cuenta cuando algunas cosas duelen… pero esto ya estaba escalando a un problema que quería evitar. Ahí sí dejé de intentarlo. Me sentí muy sola. Tenía la certeza de que teniendo a alguien más, con buena vista, y sin distanciamiento social, podría resolverlo, mas esa no era mi realidad.
Con el paso de los días se me deshinchó, dejó de estar caliente el dedo. Me amigué con la idea de que ahí quedaría la astilla. Se me puso dura la pielcita, como un mini cayito. Para entonces solo pinchaba si me apretaba muy directo sobre el punto. Me di cuenta que mi dedo era una metáfora de la vida. Nos lastimamos, duele, duele mucho, intentamos solucionarlo, nos damos cuenta que la solución escapa de nuestro control, lo soltamos. Se hace costra, nos endurecemos. Deja de doler todo el tiempo, todos los días.
Sigue
¿Otra despedida? No lo creo.
¿Otra despedida? No lo creo. Siempre me voy y siempre vuelvo. Prefiero pensar “última juntadita…...

0 comentarios