4 am sentamos las pompas

por | Ene 13, 2026 | Flor de Viaje | 0 Comentarios

4 am sentamos las pompas en el avión. Malas noticias: nuestra fila no se reclinaba. Las próximas 9 horas serían bien bien derechitas. Buenas noticias (para mí): como no dormía hacia días morí en cuanto me senté. Sol no corrió la misma suerte. Para sumarle glam al viaje, estábamos en un avión de cabotaje. ¿Qué significa esto? Dos cosas: primero que haríamos una parada técnica porque no llegaba con la nafta. Parábamos en Caracas por una hora en la que te quedabas en el avión sentado. No podías ni ir al baño. Segundo que no había comida caliente. No tienen el espacio suficiente para tener los hornos donde calientan las bandejitas. Si bien era un embole que la comida fuera un sanguche, yo no estaba tan complicada como Sol que no come cosas frías. Es rari, lo sé. Pero yo no soy quién para juzgarla.

De cualquier manera estábamos listas rumbo a Cancún… No… digo Punta Cana…No, pero qué digo, rumbo a Cuba. EL PILOTO NO SABÍA A DÓNDE ÍBAMOS. Se equivoco tanto al despegar en Ezeiza como al aterrizar en Caracas. En la primera equivocación nos miramos con Sol y se escuchó un murmullo en el avión. Todos tuvimos la sensación de Kevin en mi Pobre Angelito. ¿Nos habíamos subido a otro vuelo? Por suerte, (¿por suerte?) el equivocado era el piloto.

Para mí, que dormí todo el viaje, en un abrir y cerrar de ojos llegamos a La Habana. En este viaje, para variar, estaba todo organizadito. Teníamos el traslado al hotel contratado. Ahí nos quedábamos una sola noche. A la mañana ya salíamos para encallarnos en un cayo.

Dejamos nuestras cosas y enseguida salimos a dar una vuelta. 15 propuestas de matrimonio, 12 invitaciones para ir a fábricas a comprar habanos, 10 ofertas para ir a Paladares, como se le dice a los restaurants allá. Los números me los inventé pero seguro fueron muchas. Los hombres que se nos acercaban a hablar, el cansancio y Marc Antony con “Voy a reír, voy a gozar, vivir vivir lalalala¨ a todo lo que da por la calle, un poco nos abrumaron. No era el destino, que es hermoso e interesante por demás, éramos nosotras fundidísimas. Vimos el atardecer sobre la costa y volvimos al hotel a cenar.

Sigo en comentarios con el broche de oro de este día infinito.

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