31 días desde la muerte de mi abuela, 31 días imaginando un abrazo, imaginando llorar acompañada con alguien que supiera lo que Heidi era para mi, con alguien que me contara, mirándome a los ojos, lo que pasó y me perdí por estar lejos. Había llegado el día y tenía miedo. Era obvio que en Buenos Aires habían transitado el dolor desde otro lugar. Yo estaba perdida, quebrada, enojada. Es verdad que con Sol sabemos lo que es hacer duelos viajando, pero esta vez arrancábamos desde distintos puntos. .
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Lo irónico es que este viaje surgió del pensamiento mágico más ingenuo del mundo. En 2013 murió el abuelo Arturo. En 2015, a días de la muerte del abuelo Pocho, nos fuimos a Cuba, retomando un plan que habíamos cancelado. En 2017 volvimos a viajar juntas. Pensamos que viajando los años impares cortábamos la racha. Algo así como cambiar la suerte a nuestro favor. Una estupidez infinita que nos daba excusas para viajar juntas. Unos meses antes le dije: “este año nos toca” y empezamos a planear el que sería, además, un viaje despedida de soltera. Con ella voy hasta el fin del mundo y aunque se me ocurren un millón de maneras mejores de haber pasado todo esto, sin duda, si alguien podía regalarme algo de paz, era ella. .
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Adivinen qué hice cuando me desperté ese día. Pos claro, lloré. Lloré manejando la hora que me separaba del aeropuerto de LA. Lloré ya esperando en la puerta de “Arribos”. La gente me miraba aunque lloraba en silencio. Cada vez que se abrían las puertas yo lloraba más fuerte. Estuve más de una hora. Nunca sabés cuánto demorás en migraciones en USA. Y finalmente… llegó. .
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Con cara de cansada, despeinada (no más que yo) pero con una sonrisa. Solté mi valija y la abracé fuerte, llorando. Lloré como el 18 de julio. Lloré como si recién me hubiera enterado. Lloré sin consuelo. ¿Cómo es que Heidi había muerto de un instante para otro? Sin aviso, sin despedidas. La abracé y me desarmé. Hasta que llegó eso que necesité escuchar todo ese ultimo mes. “Ya está. Está todo bien”. Además ya le había moqueado todo el hombro y, al menos yo, no tenía mas carilinas. Arrancaba un nuevo viaje juntas. Todavía teníamos para varias horas de ruta camino a #SanFrancisco
¿Otra despedida? No lo creo.
¿Otra despedida? No lo creo. Siempre me voy y siempre vuelvo. Prefiero pensar “última juntadita…...

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