…Los dos queríamos irnos a vivir afuera, pero no era un plan de a dos. Él ya estaba avanzando con un proceso de trabajo que era en París. Ahí fue que me dijo: “eu, ¿te venís conmigo a vivir afuera? ¿Nos vamos juntos?”. Por las dudas, repetí la pregunta en voz alta solo para ver si era verdad lo que había escuchado. No pasó mucho tiempo hasta que me puse a ver deptos en París. Creía que el idioma podría ser una barrera, pero no me importó para decirle que sí.
A las semanas se cayó esa propuesta de trabajo, a los meses la invitación. Él se fue (a otra ciudad) y yo me quedé, pero la semilla ya estaba ahí, la idea de vivir en París ya había empezado su propio camino aun cuando yo no lo sabía.
¿Por qué no? Así empiezan la mayoría de mis planes. Hoy vivo a unas cuadras de La Gioconda y más cerca aún de La Ópera Garnier y las Galerías Lafayette, por no decir a 100 metros de un local de Lindt. El idioma dejé de pensarlo como una barrera. Veremos cómo me trata el otoño, los días cortos y la falta de sol.
La explicación de por qué París me hace tan feliz escapa toda lógica. Sé que siempre que vuelvo tengo miedo de que ya no me pase, pero me pasa.
¿Quién viene a visitarme en los próximos meses? ☺️
———
A propósito, estar en los Juegos Olímpicos para pasear pudo ser medio un embole por momentos… ah, pero algunos lugares estaban vacíos, yo te los aprovecho.
1: El primer sábado de los Juegos. Una fiesta.
2: Holi desde el Petit Palais. Ya hay que emponcharse un toque.
3: Una pared de Montmartre.
4: Frente al Pompidu. ❤️

0 comentarios