Unas horas después, sentada en

por | Ene 13, 2026 | Flor de Viaje | 0 Comentarios

Unas horas después, sentada en el sillón de la casa en donde me quedaba, llamé de nuevo a Argentina. Ya estaba resignada. Recuerdo las palabras de mi viejo. Me dijo que nunca tenemos obstáculos más grandes adelante de los que tenemos la capacidad de sortear. Evidentemente confiaba en que tenía las herramientas para sobreponerme a esto. Para ese momento, aunque indignada, ya no lloraba.

Subí a mi habitación, me bañé y empezaba a preparar mi mochila para el día siguiente cuando golpearon la puerta. Era teléfono para mí, era mi mamá. “¿Cuál es la dirección del hospital y a qué hora te operan?“ La hora no la sabía. Yo tenía que ir a las 15hs, pero, ¿por qué querían saber la dirección del Wellington Hospital? Estaban llegando a Ezeiza. Mi vieja iba a viajar para poder estar conmigo. Ahora lo escribo y tiene sentido. Pero en ese momento me pareció un atropello (?) ¿Cómo mi mamá se iba a meter en mi viaje a Londres? Lo divertido de ese viaje es que no estaban ellos, que flasheabas adultez e independencia. Otra vez rompí en llanto. “No vengas, no hace falta, yo estoy perfecta“. Con todo el amor y paciencia del mundo me dijo que era muy tarde, que ya estaban en Ezeiza. Ya tenía pasaje. Yo estaba enojada. ¿Cómo es que en menos de 3 horas, sin mi consentimiento (?), habían decidido esto?

Cuando me di cuenta que no podía hacer nada para cambiar esto, le di la dirección y algunas indicaciones sobre cómo llegar desde el aeropuerto. Volaba de Buenos Aires a Madrid y tenía una escala, creo que de media hora, para tomar el segundo vuelo hacia Heathrow. De nuevo, en una época en donde apenas había internet en compu de escritorio, estos movimientos sin estar comunicados eran súper tediosos. Ella se subía al avión y chau. Hasta que llegara a Londres, en el mejor de los casos, podíamos saber el estado del vuelo.

Ahora sí lo entiendo. Pobre Mirtu, pasó de estar en bermudas y ojota en pleno verano a estar yendo a un país al que no había ido nunca, esperando llegar a ver a su hija antes de que entrara a un quirófano. Toda esa parte de la historia merece un capítulo aparte. Sería el capítulo de “cómo se vivió esto en Buenos Aires“. La pregunta es: ¿llegó Mirtu a tiempo?

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