¿En dónde podemos vernos? ¿Qué es lo que vemos?
Podemos vernos en un espejo, en un charco, en un lago, en algún vidrio; en nuestra memoria, en la de alguien más; en otras personas.
¿Qué nos devuelve esa imagen? A veces vemos lo que nos gusta de nosotros, otras veces los defectos. Pero, ¿lo que vemos es la realidad? Me tienta citar a Platón y la alegoría de la caverna, pero se los ahorro. El reflejo juega con algo de la identidad, en el reconocernos allá afuera, pero también en la distorsión. ¿Qué es real? De seguro vemos con el filtro de nuestras creencias, nuestros pensamientos, nuestros miedos. Vemos lo que podemos, vemos lo que somos.
Una canción dice:
“Todo lo que ves en mí lo tenés vos;
todo lo que veo en vos lo tengo yo”.
Las luces, las oscuridades… eso lo sumé yo.
¿Y si eso que vemos en los otros que nos refleja, para bien o para mal, lo convertimos en una puerta para volver a pensarnos? Si algo me encanta de alguien, ¿por qué es? O al revés: si veo algo en alguien que me enoja o me pone triste, ¿qué me refleja?
¿Y la foto? Estaba ahí en Chantilly (no la crema, sino la ciudad) el 20 de julio, a la hora exacta en la que el castillo se veía doble. Esa imagen era preciosa, al derecho y al revés. ¿Cuál es el cielo? ¿Cuál es el suelo? Ese día pensé en escribir sobre los reflejos. Las fotos pavéando fueron inevitables, aunque nada tienen que ver con el reflejo. Sí puedo decir que esas piedritas duelen en las manos y que hacer esto con sandalias implicó todo un desafío, pero sabemos que a mí los desafíos no me detienen.

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