“Piensa menos y vive más. Lo que me pone de mal humor hoy está de más (…) Lo que alguna vez te hizo llorar ya pasará“, dice Adrián Berra en una canción. Sé que es por ahí pero debo reconocer que es un esfuerzo sacarle drama a la vida con los niveles de intensidad que manejo. Fue por eso que hace un tiempo decidí no tomarme a mí misma tan en serio. Me permito dudar de mí aunque eso signifique abrazar la incertidumbre. A veces me prometo cosas que después no cumplo… porque hacer lo que siento a veces significa ser contradictoria. También tengo miedos. Supongo que todos los tenemos. Intento recordarme que todo pasa, que nada es tan grave y que andando se acomodan los melones, como siempre dice mi viejo.
Solía creer que lo que pensaba o sentía estaba tallado en piedra, pero eso no habilita el cambio y todos cambiamos, ¿no? Hoy me lo permito aunque qué doloroso es reconocer que lo que nos llenaba ya no lo hace. ¿Y si no sabés cuál es el plan b? ¿Qué te llena ahora? Pffff Manden una brújula. Reconocernos en crisis y atravesarla es incómodo, pero más incómodo me resulta quedarme en donde ya no quiero estar… No me sale.
¿Y si a este lío le sumamos la mirada de los demás? Aprendí que lo que los otros ven en nosotros habla más de ellos que de nosotros. Así de trillado es. ¿Sino cómo se explica que algunas personas te vean súper independientes y para otras seas dependiente? ¿Por qué necesitaremos tantas etiquetas y definiciones? Supongo que siempre somos un proyecto Work In Progress y esas etiquetas pueden cambiar. Al menos eso intento. De nuevo, somos cambio y movimiento y me gusta creer que todos hacemos lo mejor que podemos. Sea como sea, en algún momento todo pasa a ser recuerdo y ahí es donde creo que no vale la pena tomarnos tan en serio. Qué se yo… No sé si hace sentido algo de lo que digo, pero tenía ganas de escribirlo. Que tengan linda semana.

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