Para consolarme mi viejo me dijo en ese viaje: “la vida nunca nos pone obstáculos más grandes que los que podemos superar”. No estoy segura si entonces lo entendí. Apenas tenía 17 años. Ya, sin embargo, yo creía en las palabras de las personas. Si alguien dice algo le creo. ¿Por qué me mentirían? ¿Por qué decimos cosas al pepe? Nunca lo voy a entender. Paradójicamente estuve de novia muchos años con un mitómano sin saberlo. Capítulo aparte.
Le creí a mi viejo, le creí cuando me dijo que yo iba a tener chance de ir a París alguna vez, le creí cuando me dijo que tenía las herramientas para resolver lo que tenía que resolver. Bien o mal lo hice. Lo resolví y sí viajé a París. Se hizo desear, es verdad. Pero fui no una vez, sino dos o tres. Entonces, no sabía de todo lo que yo sería capaz. Tal vez él sí lo sospechaba o, al menos, lo deseaba.
Hoy me subí al Eurostar. Ese tren que ese 23 de enero no me esperó. No era el momento, se ve… Porque está lo que queremos, lo que deseamos, lo que hacemos que suceda… y después está lo que tiene que ser. Cualquier atisbo de control se nos escapa entre los dedos. Ese 23 de enero mi viejo me contuvo a la distancia mientras yo lloraba porque no era lo que yo quería que sea o lo que yo (bueno, todos) creíamos que “debía ser”.
La distancia… otra idea que se me aparece una y otra vez. La distancia da aire y perspectiva, pero a veces pone en pausa abrazos que quisieras tener o dar y no podés. Abrazos que aprendí a darme sola porque cuando los necesitás vale todo. Abrazos que hoy doy cuando cierro los ojos esperando que lleguen a destino.
Ni idea qué significan estas líneas inconexas que se me vienen mientras paveo frente al Big Ben, sentada en este mismo Londres que con 17 años me dio las anécdotas más insólitas… Y aunque algunos amigos se aburrieron de escucharlas, definitivamente significaron un sin fin de aprendizajes que aun hoy resuenan.
Después de todo creo que somos la sumatoria de cosas que vivimos y lo que hacemos con eso. Bah eso no lo digo yo, lo dice un tal Sartre.
Gracias, pá, por estar y por ser. Gracias porque tus palabras esconden verdades que siempre me enseñaron. Feliz día un pelín adelantado.
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