Ese fue un viernes de

por | Ene 13, 2026 | Flor de Viaje | 0 Comentarios

Ese fue un viernes de fastidio. A la mañana, trabajando en el hostel había un hombre intenso que no dejaba de hablarme. Me quería llevar a nadar a unas playas secretas (?). “Siempre me dijeron que las argentinas eran lindas, se quedaron cortos”. Salga de acá, señor del mal. . .
Luego fui al centro esperando tomarme un tren que me llevaría a mi plan de paseo del día. Lo perdí. Tuve que esperar al siguiente algunas horas, trabajando sentada en el pasto pues no había ningún Starbucks o similar que colaborara con la causa. .
Logré tomarme el tren y me bajé en #Barkeley, una Ciudad Universitaria que está a unos 8km de Oakland. Fueron unos 15 minutos de tren. Empecé a caminar desde la estación al centro. No me di cuenta que había 3km de distancia o mejor dicho sí, pero pensé que el camino sería copado. La verdad es que no había nada vistoso. Cuando llegué al centro busqué un Starbucks para trabajar. Obvio que no encontré ninguno con enchufe pues no están de moda en Estados Unidos. Resignada cerré la compu ya sin batería y decidí que las siguientes horas caminaría por los puntos más atractivos de la ciudad. . .
Primero estuve por la Ciudad Universitaria. Era como en las pelis. Más luego caminé en dirección a un jardín de rosas. Caminé un rato largo con subidas y bajadas pronunciadas. Las casas y jardines llenas de flores. Deshabitado pero muy bello. .
Después de subir mucho llegué al Rose Garden. En realidad, las rosas te las debo. Estaban medio cachuzas. Ya estaba entradísimo el verano. Las rosas más potentes las había visto hacía más de un mes. Igual la vista general desde la hill era linda. El jardín escalonado, el sol que empezaba a bajar sobre alguito de agua que se llegaba a divisar a lo lejos. Había valido la pena la caminata, aunque no podía quedarme mucho tiempo. Había averiguado en dónde convenía ver el atardecer y el punto ideal era sobre la marina.
.
Combiné dos buses. El primero iba al centro y el otro me acercaba a la costa. No eran tan cerca. Hacerlo caminando era inviable, al menos para llegar a ver el atardecer. Pero… ¡adivinen qué! Cuando llegué no se veía ni a un metro. Se había nublado tipo Apocalipsis. Había viento y hacía frío. Llovía.

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