Era agosto de 2010. Entonces, fui con ella a ver a Ismael. Tocaba en el Gran Rex y me acuerdo que sacó entradas en la fila 10. Nuestros asientos estaban entrando al teatro a la izquierda. Llevamos carilinas. Al menos yo nunca salgo ilesa de esos conciertos. Esta vez no lloré sola, ella también lloró. Me acuerdo cuál fue el tema que la hizo moquear.
“Así yo canto para recordar
Que sigues a mi lado
Que aun sueñas despierta porque así
Vencemos el cansancio“
Sueño, siempre sueño despierta. Y sueño que de alguna manera ella sigue cerca.
Esa canción habla de sueños, de riesgos, también de libertad. ¿Existe una cosa sin la otra?
Casi de manera intuitiva mi plenitud se construye sobre esa libertad, casi como si no hubiera otra manera en la que yo pudiera vivir… Esa libertad que ella desde su lugar disfrutaba y alentaba. Casi como si yo hubiera materializado algo que en algún universo remoto a ella le hubiera gustado hacer. Quizás deliro, puede ser.
Ella me celebraba haciendo la medialuna en la playa, aun con 9 o 10 años. “Transformo la felicidad en movimiento“, escribí hace un tiempo y vaya que es cierto. Justo hoy se cumplen 3 meses de este viaje. Aunque a decir verdad no sé cuál es la causa y cuál la consecuencia. ¿Soy feliz porque me muevo? ¿O me muevo porque soy feliz? Tal vez las dos cosas a la vez.
Sí sé que esa tarde en la playa, aun cuando poco podía entender de la felicidad, le dije “soy feliz“ entre medialuna y medualuna. Evidentemente ya entonces para mí se trataba de eso.
Hace no tanto tiempo (y hasta lo escribí por acá) me prometí transformar la tristeza en alegría, volver a hacer la medialuna para que ella desde algún lado supiera que otra vez era feliz.
Desde hace 4 años la busco en los atardeceres, también cada vez que pongo los pies en el cielo. Porque sí… sigo haciendo la medialuna. ♀️
No nos despedimos, es verdad. Pero ahí la busco, ahí la encuentro, ahí la celebro. Porque… dichosa yo que tuve a Heidi como mi abuela.
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#FlorDeViaje #porto #portugal
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