Empecé a pensar. Tenía los

por | Ene 13, 2026 | Flor de Viaje | 0 Comentarios

Empecé a pensar. Tenía los ojos cerrados. Para mí estaba esperando a que me operaron y que estuviera razonando eso no era buena señal. ¿Cómo les aviso que en realidad estoy despierta? Me di cuenta que me estaba tocando la nariz. Tenía una máscara puesta que evidentemente me generaba picor. Abrir los ojos no me salía, pero sí podía mover los brazos. Me seguí tocando la nariz porque creí que era la manera de hacer que los médicos se dieran cuenta que en realidad estaba despierta. La sensación fue horrible, estaba presa de mi propio cuerpo.

En cuanto abrí los ojos una enfermera se asomó. Yo seguía viendo techos desde la camilla, pero esta vez sin saber en dónde estaba. Le pregunté cuándo me iban a operar. No sé bien cómo las neuronas conectaron pero pregunté en inglés. Se sonrío y me dijo: “Ya te operaron“. “What time is it?“, respondí perdídisima. Habían pasado cuatro horas desde mi último registro despierta. Cuando terminó la cirugía me dejaron en esa sala hasta que volviera a conectar con la realidad.

Otra vez paseo viendo techos, pero esta vez desandando camino: pasillo, ascensor, otra vez pasillo y finalmente habitación. Ahí me esperaba Mirtu, recién aterrizado en Londres. Ya sin que importara la operación, teníamos que ponernos al día. Hacía más de 20 días no la veía y bueno… habían pasado algunas cosas. Después de un rato me trajeron la cena. Hacía como 16 horas que no comía. Pre cirugía elegí una opción del menú “frío“ porque para las 11pm ya no estaba la cocina abierta. Elegí unos sanguchitos de atún que compartí con mi mamá, mientras lo más chochas charlábamos de todo.

A la hora de dormir la quisieron echar pues con 17 años yo ya era considerada adulta para el hospital. El detalle es que mi vieja no tenía alojamiento, había ido al Wellington Hospital directo desde el aeropuerto. Además, no quería dejarme pasar la noche sola. Me acuerdo cuando le dijo a la enfermera que si hacía falta se quedaba parada al lado de la cama para no molestar, pero que no se iba a ir. Paabre mi ciela. Evidentemente la conmovió. Como en la habitación no había nadie más la dejaron quedarse. Ahí empezó nuestro improvisado viaje en Londres juntas.

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