El 2 de mayo se cumplieron 8 años de mi primer día 100% freelance. Sigo creyendo que fue la mejor decisión de mi vida.
Fue una decisión fue muy pensada aunque, a decir verdad, avancé sin demasiadas presiones. Si fallaba, volvería sobre mis pasos. Todavía vivía con mis viejos y eventualmente sabía que conseguiría trabajo rápido. En ese momento no éramos tantos los que trabajábamos en Social Media.
Esa decisión me abrió un mar de posibilidades. Un año más tarde me estaba yendo a vivir sola y para mi sorpresa podía seguir viajando. Primero lo hice inventándome vacaciones. Es una obviedad decir que a pesar de tener fees que se mantienen por años, los freelancers no tenemos aguinaldo ni vacaciones.
En 2015 hice mi primer experimento trabajando y viajando. Fue cortito e incluyó a mi familia y un terremoto (literal). Fuimos a visitar a @trayectoriasenviaje a Chile. Ahí tuve dos desafíos. Uno: cruzar la cordillera (flasheamos San Martín). Fuimos en auto con mis viejos y estuvimos más de 8 horas para cruzar la frontera. Hermoso. Dos: trabajar cuando alrededor mío estaban en otro mood. No fue ni la primera ni la última vez que tuve ese obstáculo que, aunque con algún mal humor de por medio, logré superar.
En 2016 impulsivamente sumé mi segundo viaje trabajando. Me fui a Rio para los Juego Olímpicos. También estaba ahí @trayectoriasenviaje aunque ellos no fueron a ver gimnasia rítmica. Sí pude ver con Mariano a los leones quedándose con la medalla de oro. Una fiesta.
En 2017 ya sintiéndome una freelancer experimentada (?) redoblé la apuesta. Tenía pendiente recorrer Canadá y sabía que unas pocas semanas no serían suficiente. Era tiempo de poner a prueba si esto de trabajar remoto podía hacerse desde la otra punta del mapa. Adivinen. Se puede.
Cierro los ojos y recuerdo una sensación de plenitud muy profunda mientras caminaba por la costa de Seattle. “Es por acá“, pensé. También me acuerdo cómo lloré la última noche en Toronto, mientras hacía la valija. No quería volver, no quería que se terminara.
Esta fue una de las últimas vistas con las que trabajé ahí. ¿Cómo me iba a querer volver? Lucky me.

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