¿Cuánto? Y no me refiero a las fotos pavas que me saco casi que recordando lo que supe hacer alguna vez. Hablo cuánto definió en mi vida haber hecho 12 años ese deporte. ¿Cuánto de mi forma de ser, de mi forma de pensar, de mi forma de vivir? Y no sé qué es causa y qué es efecto. ¿Soy como soy porque fui gimnasta? ¿O pude ser gimnasta por algo que ya vino conmigo? No lo sé. Lo que si sé que hasta lo más pequeño de mi vida está atravesado por el deporte más lindo del mundo.
💫 Aprendí… Que la disciplina y la constancia es lo único que te puede llevar a correr tus propios límites. Yo no era flexible, más bien lo contrario. Y me acuerdo (en serio) cuando a los 7 años logré después de meses de trabajo abrirme de piernas a 180. La felicidad. Era ir a entrenar y quedarme infinito haciendo distintos ejercicios hasta que el cuerpo cedió. No fue de un dia para otro y hasta los cambios podían ser imperceptibles, pero lo logré. Por supuesto, que después quedaba seguir corriendo ese límite. Los 180 ya no eran suficientes. Eso también lo aprendí. Una vez que alcanzás un objetivo solo le sigue tener uno nuevo y, por supuesto, seguir metiéndole. A veces tiene un dejo de inconformismo esto pues nunca es suficiente.
💫 Aprendí… Que la competencia es contra mi misma (para bien o para mal) y la vara es contra la mejor versión de lo que yo podía dar. Salir feliz o no de un torneo dependía de eso, no del puesto ni el puntaje.
💫 Aprendí… Que para ganar (entendiendo por ganar lo que decía en el punto anterior) había una dosis de sacrificio (y a veces de dolor) incluida. La pedana (la alfombra) podía quemar, elongar más allá de lo que el es normal duele, repetir ejercicios una y otra vez deja marcas en el cuerpo, incluso lesiones. Era parte del contrato y para mí lo valía aun siendo tan chica. Era 100% una elección mía, acompañada por mi flia obviamente.
💫 Aprendí… Que podés fallar, que vas a fallar y eso no te define. Me acuerdo de un nacional en el que la pelota después de un lanzamiento que tenía que recuperar con las piernas se fue lejos, afuera del cuadrado. Dolor.
Lloré por semanas por ese error. Pero mi entrenadora de ese momento, ni bien salí, antes de que pudiera llorar, me hizo repetir el lanzamiento ahí nomás. Por supuesto, que no fallé. Me dio más bronca porque debí hacerlo bien un minuto antes. Sin embargo, quedó claro que sí podía hacerlo. Que equivocarme una vez no definía mis posibilidades.
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💫 Aprendí… A tomar decisiones y accionar casi en el tiempo de un pestañeo. Si se te iba el elemento en el medio del torneo, ¿cómo seguías? La música no iba a frenar y esas decisiones afectaban directamente sobre tu puntaje. ¿Salís del cuadrado a buscar el elemento? ¿Agarrás el elemento de reemplazo? ¿Desde dónde retomás?
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💫 Aprendí… a reconocer ese espacio que tanta felicidad me daba aun cuando solo tenía 6 años. Bendecidisima.
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¿Por qué sigo tomando clases de danza? ¿Por qué me saco estas fotos? ¿Por qué fui a los Juegos Olímpicos? Será porque es la forma que encuentro de visitar a esa Flor que no tenía idea cómo esas incontables horas de gimnasia rítmica terminarían por atravesar su vida de punta a punta, quizás de manera algo invisible, pero seguro que de manera definitiva.
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Mil años después, la emoción y la felicidad ahí siguen. 💛





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