El encanto de lo roto.
Hay algo de lo auténtico que me parece atractivo, que me cautiva. Mucho más que cualquier intención de pretender ser que algo no sos, mucho más que las máscaras que estamos acostumbrados a usar.
Caminé por Balat un barrio no muy céntrico, histórico de Estambul. Un barrio preparado para las fotos, técnicamente se llama gentrificación el proceso que está atravesando hace no tanto años. Casitas pintadas de colores; paredes intervenidas con grafitis que querés fotografiar; barcitos re mil pintorescos; mensajitos garabateados por todos lados que buscan likes, no hacernos pensar, son frases que vimos mil veces, pero que igual necesitamos registrar; y los gatos, siempre los gatos, pero eso no es propio del barrio, eso es parte del paisaje de Estambul.
Caminás un poco más, caminás un pelín afuera del circuito y entonces se ven… se ven esas fachadas que no pretenden ser, que no pretenden aparentar. Se ven las cicatrices, el paso del tiempo, el descuido, las tensiones de la historia. ¿Qué cuentan esas fachadas?
Fue hogar de minorías judías, griegas y armenias. Vivieron felices y contentos, al menos durante algunos siglos. Después pasaron cosas. El tiempo hizo lo suyo: el abandono y la decadencia. Lo que resiste, lo que quedó cuando todos se fueron, está ahí si elegís mirar. El encanto de lo roto… Eso vi ese día. ❤️ ✨
.








0 comentarios