Me rendí, renuncié…

por | Dic 31, 2023 | Reflexiones | 0 Comentarios

Me rendí, renuncié… a lo que no fue, a lo que capaz no sea. Y qué liviano se siente todo desde entonces. Es que ya no espero nada de nadie. Tampoco espero de mí. Hacemos lo mejor que podemos, ¿no? A veces podemos poco y no tiene nada de malo.

Ya no me tomo las cosas personales. No sé por qué o cómo fue pero simplemente me salió así. Desde todos los lugares comunes posibles, aunque no por eso menos cierto, las cosas que hacen, dicen, piensan los otros seres humanos habla más de ellos que de mí. Mirá si me voy a hacer cargo yo si sos un mentiroso o un irrespetuoso.

Vi a una persona gritándome y por dentro pensaba, “paaabre, lo inseguro que debe sentirse para tratarme así”. Casi disociada de la escena sonreí con tranquilidad. Estaba tan claro para mí.

También me rendí a querer cambiar lo que no me corresponde, me rendí incluso a controlar lo que sí depende de mi. Ya sabemos, es una ilusión. Obvio, ahí hice mi parte, pero sin expectativas. Es poco probable que las cosas sean tal como las planeás. Y cuánto peso se libera cuando sabés que no tenés ni idea de qué es lo que va a pasar. Tanto pensamiento al pepe desaparece… Mabel, no tiene sentido eso que estás pensando.

Anduve liviana, tranquila, sonriente. La tristeza dejó de ser protagonista. El proceso no lo pude evitar y, por supuesto, que fue un embole. Abrazo a esa Flor todos los días un poquito.

También me sentí agradecida por cada detalle con el que me crucé. Aprendí a recibir halagos y regalos sin que me diera vergüenza. Pero señora, ¿por qué le daba vergüenza? Qué se yo. Siempre sentí que molestaba, que ponía al otro en un compromiso. Un delirio, pero qué lindo es recibir gestos que te dicen “ey me importás”.

¿Y poner límites? Hermoso. Tanto como elegir no quedarme en donde no estoy cómoda. A veces me sigo poniendo en lugares que no me gustan pero me doy cuenta y enseguida me muevo.

Dije que sí a cosas impensadas, salí de mi zona de confort y no me arrepiento. Conocí a personas de las que aprendo mucho. A otras que las siento cerca aunque viven muy lejos. Están las de siempre, las que acompañan, escuchan sin juzgar. Las que se alegran por mis alegrías.

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