Dicen que no hay mal

por | Ene 13, 2026 | Flor de Viaje | 0 Comentarios

Dicen que no hay mal que por bien no venga. Normalmente es algo que sabemos al final de las historias. Esta no fue la excepción.

Después de un día y medio de vueltas e imprevisto llegamos al lake Louise. Ahí arrancó la aventura. Queríamos hacer un trail que te llevaba a ver lagos en distintos niveles.

El primero era desde el que partimos y había dos más pequeñitos conforme fuéramos subiendo. Cuando llegamos al segundo después de un rato largo de caminata cuesta arriba empezaron a caer unos poquitos copos de nieve. Wow y re mil wow. Estábamos en verano. Para mí era una sorpresa, no así para los locales. En Canadá, en la altura de las Rocallosas no era algo tan extraño. Seguimos subiendo. Las nubes pasaban y se descubrían pedacitos de cielo celeste. Contra más caminábamos, más áspero se volvía el sendero pero eso no nos detuvo. Sucedió: llegamos al final del sendero, al último lago.

Era un paisaje de cuentos y la pequeña y rústica casita de té que había ahí terminaba de darle un toque. Me sorprendió su existencia porque realmente estábamos en medio de la nada. Entramos y Beth como buena inglesa se pidió un té. Debo decir que el plan era acertado para recuperar el calor corporal. El frío afuera apretaba, al menos para mí que por inexperta no estaba lo abrigada que la situación ameritaba.

Empezamos a desandar camino hacia abajo y en algún punto el trail tenía una bifurcación. Miramos el reloj y asumimos que las horas que quedaban de luz nos habilitaban a ver qué encontraríamos en esa dirección. Acá el camino hacia arriba era bastante más empinado, también, supongo que por eso, más deshabitado. Después de un rato largo de caminata todo cobró sentido, la rueda pinchada del día anterior en medio de una lluvia había tenido un por qué. Descubrimos este punto que funcionaba con una especie de mirador. Desde ahí veíamos los tres lagos, el color del lago Louise, la inmensidad de las montañas y también del valle que estaba justo enfrente de lago. Wow again.

Nos sentamos en una piedra gigante y nos quedamos un rato largo. Agarramos de mi mochila una bolsita de frutillas y merendamos como dos campeonas sintiendo que teníamos el mundo literalmente a nuestros pies.

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