Esto es una propiedad privada en Bakersfield, California. Lo vi ese día y me pareció violento. Hoy, en cambio, veo contradicción. Para cuidarnos tenemos que estar adentro. Lo único que mantenemos vivo estando en la calle es al virus. Somos más inteligente y menos egoístas que eso, ¿no?
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En la versión de mi viaje 2019 de Instagram hay un bache. Elegí no escribir, como lo hice en los viajes anteriores. No hay un posteo por día. Sin embargo, hace un tiempo retomé esa idea para hacer todo agosto. Ahí venía, metiéndole onda. Pensé que estando en casa, cuarentenando, escribiría más. No sucedió. No termino de saber qué es lo que hice en esta última semana en la que estuve prácticamente guardada todos los días. Trabajar, trabajé, como siempre. Tal vez más. Hice compras y algo de logística para que Sol y Marcos pudieran volver de la luna de miel en un mundo colapsadísimo. Bah, en realidad no hice nada. Creo que fueron las únicas personas prácticamente no afectaos por la situación. Y allí están, aislados, con su bronceado que solo vemos por fotos. Lo vamos a poder superar.
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El día de viaje que debería retomar siguiendo la cronología del último posteo, sería el martes 13 de agosto. Ja martes 13. Resulta que entonces cargaba con incertidumbres y tristezas. Distintas a las que tengo hoy, encerrada en mi casa sola… aunque quizás no tanto. Me sentía vulnerable y perdida. Encerrada sola en un viaje que dudaba cómo seguir… en el que no quería estar. Con más libertad de movimiento del que tengo hoy. Podía ir a Las Vegas o acercarme a Los Ángeles en donde podía encontrarme con alguien para pedir un abrazo.
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Estaba en Beakerfield. El tren dejaba de ser una opción. Y los bondis de larga distancia en la costa oeste no están de moda. Me fui caminando después del mediodía con más de 40 C hasta el centro en donde esperaba encontrar la oficina de turismo para ver si me iluminaba. Detalle, estaba a más de 4km. Como el transporte local tampoco tenía buena frecuencia, me pareció buena idea ir caminando. Obviamente no lo fue. Era un calor imposible, sobre calle o vereda sin sombra. No había un alma. Llegué hecha sopa. “¡No me digas que viniste caminando!“, me dijo un señor.
¿Otra despedida? No lo creo.
¿Otra despedida? No lo creo. Siempre me voy y siempre vuelvo. Prefiero pensar “última juntadita…...

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