20 de junio
1993. Festejo de 64 años en Acevedo. Me lo sopló una foto en la que estoy parada en una silla al lado del Abuelo Pocho.
1996. Juré lealtad a la bandera. Ni idea este dato. Se ve que en esa época movían el feriado pero hacían el acto en la escuela. Bueno, en este caso en el Club Italiano. Seguro le siguió algún festejo. Lo recuerdo orgulloso.
2009. Festejo sorpresa por los 80 en el Club de Pescadores… pffff salió increíble.
2012. Lo empezamos en el cumple de 15 de Sofi, lo seguimos almorzando (con cara de rotos) en El Imparcial comiendo puchero. Qué carajo. ¿Quién querría almorzar eso el día del cumpleaños? Él.
2013. Almuerzo en el Club de Pescadores. Hacía una fresca… En las fotos estamos todos emponchadísimos.
2014. Soplamos las velitas 85 en Don Carlos, con los colores de Argentina por el día de la bandera y por el mundial. ¿Cómo podíamos saber nosotros que sería el último? Él nos vendió eternidad, yo compré.
2015. Almorzamos en una parrilla con Heidi. El primer año sin él.
2016. Merienda que devino en cena en Acevedo. Ella llevaba con más sabiduría que yo el dejarlo ir. “Él está en ustedes… es ustedes“.
2017. Estaba en Banff. Pinchamos en el medio de la nada, llovía y hacía un frío que me helaba las pestañas. No fue el mejor día pero tenía fresco el recuerdo de haber manejado por la mejor ruta del mundo en Alberta, Canadá. El camino de los glaciares de Jasper a Banff. Tenía en la retina los millones de cuadros que le hubiera pedido. Viajó conmigo.
2018. Chateau de Chambord a unos cuantos kilómetros al sur de París. Almorcé sentada en el pasto mirando el castillo, pensando en todo lo que le contaría del viaje que estaba haciendo. Esa vez le hubiera pedido que me pinte la Torre Eiffel.
2019. Lo visité en el cielo, busqué la nube de cabezones, como dice Sol. Volvía de pasar unos días en San Juan con Cami, Mariano y Lola. La llamé desde el aeropuerto a ella. Hablamos un rato. Me dijo que estaba bien, feliz de que hubiera pasado esos días con los chicos. Tampoco supe que sería una de las últimas veces que hablaría con ella. Ella no vendió eternidad. Ella no se creía superpoderosa. Pero para mí lo era.
¿Otra despedida? No lo creo.
¿Otra despedida? No lo creo. Siempre me voy y siempre vuelvo. Prefiero pensar “última juntadita…...
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