¿Quién soy?
Me equivoqué. Creí que con el tiempo me sería más fácil definirme. Definir quién soy, qué hago. Sin embargo, pasan los años, se suman capas de experiencia, y también se suman y diversifican mis intereses. ¿Cómo me defino? Hay muchas versiones mías y todas conviven, habitan, se complementan, se potencian. Pero vamos desde el principio, que ya ahí creo que estaba la semilla de este desafío.
Desde siempre tuve dos pasiones que creía alejadas: la comunicación, en cualquiera de sus formas, y la tecnología. Así, sin mucha vuelta, decidí avanzar por esos dos caminos en paralelo sin saber hacia dónde me llevarían. Estudié Diseño Multimedial en la Escuela Da Vinci y Ciencias de la Comunicación en la Facultad de Sociales de la Universidad de Buenos Aires. Unos años después todo tuvo sentido. Comencé a trabajar como Community Manager, cuando todavía no se sabía bien qué era. ¡Los dos universos se habían unido!
Luego de tres años trabajando en distintas estructuras (productora audiovisual, agencia de publi, consultora de comunicación) me lancé freelance. Entonces, me convertí en ninja. Hice estrategias de comunicación digital, gestioné comunidades, creé contenidos, analicé resultados, siguiendo el pulso que marcan las redes sociales para marcas como Nespresso, Coca-Cola, McDonald’s, Netflix, PlayStation, Huggies, Nutella, Pringles para distintos mercados de Latinoamérica y Argentina. Formé equipos de acuerdo a las necesidades de cada proyecto: según el volumen de trabajo, el presupuesto disponible, siempre enfocada en resolver el problema que se planteaba. Aprendí a ser flexible, a armar la estructura justa que cada desafío necesitaba.
Un día me di cuenta de que era lo mismo trabajar desde mi casa, en Buenos Aires, o hacerlo desde cualquier otra parte del mundo siempre que tuviera internet. Así es que en 2015 y 2016 hice dos pequeñas pruebas piloto. Ya para 2017 me lancé a hacer viajes más largos con la compu bajo el brazo. Aunque hubo un pequeño período de adaptación para los equipos y clientes que tenían miedo de que esto no funcionara, quedó probado que el trabajo seguía su curso. Y yo descubrí, sin querer, una forma de trabajar que ni sabía que era posible. Desde entonces, trabajé desde más de 30 países (podés ver el mapa completo acá), probando que la oficina puede estar en cualquier parte mientras haya wifi y ganas de hacer las cosas bien.
En 2021 empecé a dar clases de manera online sobre redes sociales y marketing digital. Y eso, casi de manera natural devino en hacer asesorías y consultorías 1 a 1 que eran algo que venía posponiendo, tal vez por no creerme una voz autorizada. Hola, síndrome del impostor. Algunas asesorías empezaron como algo aislado, y sin embargo, llevo 4 años de seguimiento en algunos perfiles de influencers que acompaño y ayudo a monetizar y escalar su llegada. ¡Qué divertido poder jugar desde ahí!
Hace tres años uno de mis clientes/agencia que tenía una dinámica de trabajo remoto instaurada me propuso liderar el equipo de social. Con dudas luego de 10 años de trabajar de manera independiente, me lancé al nuevo desafío. Volver a formar parte de una estructura, pero sin soltar el estilo de vida que ya era mi marca registrada. Hoy soy Directora de Social Media para la oficina de Estados Unidos, con la posibilidad de armar un equipo a lo largo y ancho de todo Latinoamérica y Caribe, humano, orientado a procesos, que disfruta de lo mismo que yo: pensar y respirar social.
Así es como conviven todas estas versiones mías: la comunicadora, la que lidera equipos, la asesora, la profe, la nómade, la freelance. Y todas, de alguna manera, están en movimiento. En estos más de 15 años aprendí que no tengo que elegir una sola cosa, que puedo ser muchas a la vez. Hoy trabajo con grandes marcas desde una agencia, asesoro a influencers y marcas personales que quieren profesionalizar su presencia digital, y sigo viajando con la compu bajo el brazo.




