Estamos de acuerdo que hay rachas buenas y rachas malas, ¿no?
Esta semana la terminé con una buena. En menos de 4 horas pasaron cosas que por h o por b no avanzaban, en algunos casos, hacía años. A priori no hay ninguna explicación para que todo se destrabara junto. Lo mismo pasa con las rachas malas, creo.
Mi viaje de 2019 fue un sin fin de contratiempos y malas experiencias. Arranqué enfermándome en el avión. No le deseo a nadie un aterrizaje con dolor de oídos. Hubo otras nimiedades pero lo que me partió fue la muerte inesperada de mi abuela. De ahí en más todo fue cuesta arriba. Un chabón con un machete me persiguió hasta alojarse en el mismo hostel que yo o un coachsurf pensó que por darme alojamiento debíamos tener sexo. Pero sobre todo esto ya escribí. Sobre lo que no escribí es sobre el día en que quedé en una ruta en el medio de la nada (literal), sin que pasara el bondi para llevarme al próximo destino. Vale decir que esto pasó a días de que falleciera Heidi y antes de los otros dos locos que me crucé días después.
Recibí la noticia sobre mi abuela por teléfono en el medio de una combinación de tres bondis entre Seaside y Lincol City, Oregon. Ahí me esperaba un coachsurf que me recibió sin entender por qué tenía la cara hinchada de llorar. Pobre Barry. Fue una de las mejores cosas que me pasó en el viaje. Charlamos mucho y fue muy generoso. Yo dormía en la habitación de su hija. Como estaba divorciado los días que la nena estaba con la mamá él preparaba la habitación para viajeros. Un genio.
El domingo, tres días después, con el corazón roto, tocaba seguir viaje. “¿Te puedo pedir que te cuides?“, me dijo él. Después entendí porque me lo había dicho con tanto ímpetu. Para llegar a Newport Beach tenía que combinar dos bondis y acá vale hacer una aclaración: en US la distancias son grandes y los mortales tienen auto. Los bondis entre estos pueblos no son tipo de larga distancia, por eso los tramos que hacen son relativamente cortos, se deben pagar con monedas al mismo chofer y las personas que viajan medio que se cayeron del sistema. He viajado con un ex convicto que acaba de salir de la cárcel y volvía a su casa. Muy hermoso todo.

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